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Pinturas del retablo mayor del ­Colegio de Doña María de Aragón [El Greco]
El Bautismo de Cristo, entre 1596 y 1610, óleo sobre lienzo, 350 x 144 cm, firmado en la roca en que se apoya Jesús: «doménikos theotokopoulos e'poiei» [P821].
La Crucifixión, entre 1596 y 1610, óleo sobre lienzo, 312 x 169 cm, firmado al pie de la cruz: «doménikos theotokó (…) e'poiei» [P823].
La Resurrección de Cristo, entre 1596 y 1610, óleo sobre lienzo, 275 x 127 cm, firmado en el ángulo inferior derecho: «doménikos theotokopoulos e'poiei» [P825].
Pentecostés, entre 1596 y 1610, óleo sobre lienzo, 275 x 127 cm, firmado en el segundo ­peldaño: «doménikos theotokopoulos ­e'poiei» [P828].
La Anunciación, entre 1596 y 1610, óleo sobre lienzo, 315 x 174 cm, firmado bajo el cesto de costura: «domenikos theotokopoulos ­e'poiei» [P3888].
El Greco recibió en 1596 el encargo de realizar el retablo mayor del Colegio de la Encarnación en Madrid, un seminario de la orden agustina que durante los dos siglos que estuvo en pie fue más conocido por el nombre de la dama que patrocinó la fundación, doña María de Córdoba y Aragón, miembro relevante del entorno de la reina Ana de Austria y de la infanta Isabel Clara Eugenia. El Colegio se situaba cerca del Real Alcázar, en el lugar que hoy ocupa el actual Senado español, y se convirtió en seguida en un lugar de notable importancia, tanto teológica como arquitectónica, uno de los edificios más singulares de la corte. Doña María había asegurado antes de morir el patrocinio económico de la empresa, pero al proyecto se sumó, además, el prestigio religioso de una de las figuras más relevantes de la España de Felipe II, el beato fray Alonso de Orozco, predicador y escritor agustino que fue inspirador directo del proyecto, y al que, en alguna ocasión, también se ha querido ver como fuente espiritual de las pinturas realizadas por El Greco. En el interior de la iglesia, el elemento artístico e iconográfico más significativo fue el retablo mayor, uno de los más atractivos encargos para cualquier artista de finales del siglo XVI, tanto por la entidad y emplazamiento del recinto como por la envergadura económica que éste reportaba; de hecho, Doménicos recibió la suma más elevada de toda su carrera: algo más de 62 000 reales. El Colegio mantuvo su uso hasta 1808 o 1809, fechas primero de la reducción de los conventos existentes y luego de la eliminación de las órdenes religiosas, según estipulaban sendos decretos del gobierno de José Bonaparte. Cerrado el seminario, transformado el edificio en Salón de Cortes en 1814, el retablo se desmontó en ese convulso periodo, y aunque el recinto recuperó en algún momento (en los años de 1814 a 1829 y de 1833 a 1835) la función de iglesia, el conjunto concebido por El Greco no volvió a montarse como tal. Tan solo el lienzo central, La Anunciación, se colgó en el altar mayor, aunque ocupando entonces una cabecera transformada arquitectónicamente desde 1814, cuando la fábrica adopta una planta oval. Con la Desamortización de Mendizábal (1835) los bienes artísticos del seminario agustino fueron trasladados, primero a la Academia de Bellas Artes de San Fernando y luego al Museo Nacional de Pintura, situado en el antiguo convento de la Trinidad, una institución museís­tica donde los ingresos de obras se registraron con escaso rigor, especialmente en lo que se refiere a las procedencias. En ese vaivén se perdió la estructura arquitectónica del retablo y tal vez las esculturas del mismo; pero además, desapareció uno de sus lienzos: La Adoración de los pastores, vendido en 1836 por el restaurador José Bueno al barón Taylor, pasando después a formar parte de la Galería Española de Luis Felipe (1838-1845). Tras posteriores cambios de propietarios, en 1888 la tela se compró para las colecciones reales rumanas, y desde 1948 pertenece al Museo de Arte de Bucarest. A pesar de la notoriedad del retablo y del cúmulo de juicios y comentarios que las pinturas provocaron a lo largo de los siglos XVII y XVIII, la falta de documentos fundamentales sobre el encargo y la ausencia de descripciones concretas del retablo, han motivado distintas conjeturas sobre el número de lienzos y los asuntos en ellos tratados. Siempre ha existido unanimidad al reconocer La Anunciación, Bautismo de Cristo y La Adoración de los pastores como telas procedentes del seminario. Con Crucifixión, Resurrección y Pentecostés, las opiniones han sido variopintas, lanzándose distintas interpretaciones en las que tenía cabida casi siempre Crucifixión como obra de coronación de toda la estructura, a modo de ático. Esta concepción concordaba con la visión de El Greco como ideador de retablos «a la italiana», tal y como había plasmado en su primer encargo español, el retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo (Toledo). Otra de las hipótesis, emitida por primera vez en 1943 por Manuel Gómez Moreno, proponía un retablo que incluía además Resurrección y Pentecostés, en una fórmula de retablo reticular, «a la española», que resultaba difícil de aceptar para algunos especialistas. Se consideraba, además, que Resurrección y Pentecostés respondían a una formulación estilística de fecha algo más tardía, en un momento en que la colaboración de Jorge Manuel y el taller era notable. Una relación anónima publicada en 1985, pero fechada en 1814, manifestaba que eran siete los «quadros de Pinturas originales de Dominico Greco que estaban en el altar Mayor». Aunque ­algún especialista se ha mostrado reticente a dar fiabilidad a lo expuesto en ese inventario, lo que éste indica ha servido para afianzar la distribución de dos pisos y tres calles: en el piso bajo La Anunciación, flanqueada por La Adoración de los pastores y Bautismo de Cristo y en el piso superior Resurrección y Pentecostés acompañando a Crucifixión, en el centro. Como en la relación señalada se dice que eran siete los cuadros, se ha supuesto que una tela de pequeño tamaño cerraría el conjunto, en el ático; tal vez una Santa Faz, un Cordero adorado por ángeles o una Virgen con el Niño. En esta organización se subraya desde luego el sentido redentorista del retablo, con sugestivas lecturas que pueden ser complementarias en la disposición argumental propuesta. Así, la Cruci­fixión -piso superior- sería el momento culminante de la Redención iniciada en La Encarnación de María -piso ­inferior-; La Adoración de los pastores y la Resurrección representarían la aparición y la despedida del Salvador a los hombres, mientras que el Bautismo y la Pentecostés mostrarían el descenso del Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios y sobre la comunidad apostólica. Prácticamente ninguno de los temas del retablo -con la excepción de Pentecostés- era nuevo para el pintor, pues habían sido de­sarrollados con anterioridad, en algunos casos en su etapa italiana. Pero estos argumentos aparecían ahora retomados desde una perspectiva que resulta especialmente original. En una formulación típicamente manierista, los exagerados escorzos de la Resurrección remiten a Miguel Ángel, y la composición y rico carácter iconográfico de La Anunciación provienen directamente de un lienzo de Tiziano, del que también se rastrean influencias en la Crucifixión. Pero sobre todo, El Greco impregnó al conjunto de un carácter pictórico que, sin ser completamente nuevo, subrayaba la espiritualidad más «expresionista» del artista, y que, a partir de 1600, se hizo aún más personal y desconcertante, intencionadamente distanciada de cualquier otra producción pictórica del momento, cuando triunfaba la pintura naturalista. El Greco concibió las escenas del retablo en unos espacios claustrofóbicos, subrayando y potenciando la verticalidad de los formatos, bañadas esas escenas por una luz espectral que potencia la irrealidad de las figuras, dispuestas en escorzos muy marcados y con una expresividad característica. El sentido del color, intenso y contrastado, aplicado con una extraordinaria soltura sobre una poderosa construcción anatómica, define igualmente la hondura que la pintura del cretense alcanzará en esta etapa final de su carrera.

Leticia Ruiz Gómez

Bibliografía

  • Actas del congreso sobre el retablo del Colegio de Doña María de Aragón, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2001.
  • Álvarez Lopera, José, El retablo del Colegio de Doña María de Aragón de El Greco, Madrid, TF Editores, 2000.
  • Ruiz Gómez, Leticia, El Greco en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 75-109.
La Anunciación [El Greco]
Lupa
La Anunciación [El Greco]
 
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