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Príncipe Baltasar Carlos, cazador, El [Velázquez]
1635-1636, óleo sobre lienzo, 191 x 103 cm [P1189].
Este cuadro es uno de los tres retratos de cazadores regios que pintó Velázquez para la galería del rey de la Torre de la Parada, un pabellón de caza situado en terrenos del palacio de El Pardo. Los otros dos muestran a su padre, Felipe IV [P1184], y a su tío, El cardenal-infante don Fernando [P1186]. Según la inscripción, probablemente añadida por otra mano, el príncipe tenía seis años cuando lo retrató el artista de la corte. Baltasar Carlos había nacido el 17 de octubre de 1629, y por lo tanto la pintura se puede situar entre el 17 de octubre de 1635 y el 16 de octubre de 1636. Esa datación concuerda con una carta de Velázquez al rey, fechada el 24 de octubre de 1636, que alude a ciertas pinturas que se le ha­bían pedido para la Torre y que es posible que ésta fuera una de ellas. En el curso de su ejecución el pintor añadió a la parte de arriba una tira de lienzo de unos diez centímetros de alto, para igualar el tamaño con el de los otros dos retratos. Cabe deducir que, habiendo decidido emplear un formato algo mayor para las otras obras, tuvo que agrandar en consecuencia la del príncipe; por lo tanto, habría sido la primera que acabó de las tres. Los tres retratos de caza de la galería del rey comparten un esquema similar: el regio cazador se yergue en el primer término de un paisaje, sosteniendo un arcabuz, con un perro (o dos) sentado o echado a sus pies. Un árbol frondoso llena uno de los lados de la composición y en la lejanía se perfila una montaña. En el caso del príncipe hay una rama tendida sobre su cabeza, que forma un dosel natural y contribuye a llenar el espacio por encima de su diminuta figura. Conforme a los cánones de la retratística de los Austrias españoles, Baltasar Carlos se presenta ante el espectador sin atributos de realeza; su sola persona define suficientemente su condición regia. Hay que recordar, sin embargo, que este retrato se instaló en una pieza decorada con escenas de caza que tenían al rey por protagonista. La participación del rey nos recuerda que la caza era una actividad predilecta en las cortes de la Europa moderna. Se la consideraba una excelente preparación para la guerra, si bien es verdad que en el siglo XVII los soberanos rara vez pisaban el campo de batalla. En este retrato, aparentemente informal, Velázquez ha creado una pequeña obra maestra. El alto grado de acabado y la delicada ejecución de las facciones del príncipe contrastan con las pinceladas extraordinariamente variadas y abiertas que definen a los perros y el paisaje.

Jonathan Brown

Bibliografía

  • Brown, Jonathan, Velázquez, pintor y cortesano, Madrid, Alianza Editorial, 1986, pp. 134-138.
  • Brown, Jonathan, y Garrido, Carmen, Velázquez. La técnica del genio, Madrid, Encuentro, 1998, pp. 136-141.
El Príncipe Baltasar Carlos cazador[Velázquez]
Lupa
El Príncipe Baltasar Carlos cazador[Velázquez]
 
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