Enciclopedia online

Quilliet, Frédéric. Asentado en Cádiz durante los últimos años del reinado de Carlos IV, fue un connaisseur cuya formación e intereses no lo vinculan a la profesión o al estudio académico de la pintura, sino al comercio de obras. En los años inmediatamente anteriores a 1808 consiguió intro­ducirse en los círculos gubernamentales madrileños y así estudiar con todo detenimiento la colección de Go­doy, las de los palacios reales y en especial las de El Escorial y Madrid. De estas tres realizó interesantísimos inventarios, conservado el primero en el Archivo Histórico Nacional, el último en la Biblioteca del Pala­cio Real de Madrid, y perdido el de San Lorenzo. Apenas José Bo­naparte fue instalado en el trono, Quilliet fue nombrado inspector artístico de la Corona o, más exactamente, conservateur des tableaux dentro de la «administration générale du mobilier de la Couronne» o «Administración general del Real Menage» en la nueva organización de la Real Casa. Años después se complacía en firmar como «Ancien conservateur des Monuments des Arts dans les palais royaux d'Espagne». Aunque en algún documento se había amplificado a «conservador general de las pinturas del Reino», el objeto de su competencia se extendía en realidad a todo lo relativo a las bellas artes en los palacios reales. Por tanto, su papel fue determinante en la creación del Museo Josefino en el palacio de Buenavista, pero se vio truncado porque el rey José lo cesó el 21 de julio de 1810, antes incluso de proceder «al reconocimiento de las que existen en la actualidad en los Reales Palacios para entregarlas al Museo»; no queda claro si se le continuó considerando como un asesor o si permaneció completamente al margen de la gestión napoleónica durante los años siguientes. La razón de tan fulgurante caída no estribaba en su competencia, sino en las dudas sobre su honestidad. Sin embargo, conti­nuó en Madrid, y al parecer bien situado, hasta la marcha de José Bona­parte, y también perdió su equipaje en Vitoria, con todos sus papeles. Esto explica que no llegase a publicar sus tres descripciones citadas y que no tuviera otro recurso que su memoria y la obra de Ceán para redactar un Dictionnaire des peintres espagnols (París, Fain, 1816) y Le arti italiane in Spagna (Roma, 1825), que pensaba refundir en un Dictionnaire des Artistes Étrangers qui ont travaillé en Espagne. Como él mismo dice en su introducción a la primera: «Il ne serait qu'une pure traduction du sien [Ceán Bermúdez], si je n'avais, par mes voyages, mes observations, mon emploi et les événements qui se sont passés sous mes yeux, été à même de faire beaucoup d'additions». Las obras y hechos de Quilliet dieron lugar a un mejor conocimiento del arte español en el extranjero; pero esto no le ha librado de la valoración negativa que merece su responsabilidad como técnico de la rapiña napoleónica, especialmente por lo que se refiere a El Escorial, pues dirigió el traslado de cuadros al Palacio de Madrid; y de éste, a su vez, envió otros a la Academia de Bellas Artes, donde algunos permanecen aún.

José Luis Sancho

 
Ministerio de Cultura. Gobierno de España; abre en ventana nueva
España es cultura Spain is culture
Copyright © 2014 Museo Nacional del Prado.
Calle Ruiz de Alarcón 23
Madrid 28014
Tel. +34 91 330 2800.
Todos los derechos reservados