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Enciclopedia online

Real Alcázar de Madrid. Dos siglos de arquitectura y coleccionismo en la corte de los reyes de España, El [exposición 1994]
16 de septiembre-13 de noviembre.
Comisario general: Fernando Checa Cremades.
Comisarios adjuntos: José Manuel Barbeito, Rosario Díez del Corral y Jesús Sáenz de Miera.
Obras: 283.
Catálogo: Fernando Checa Cremades, «El Real Alcázar de Madrid», pp. 16-35, «Galería de retratos», pp. 36-42, y «Arquitectura y decoración en el Alcázar de Felipe II», pp. 142-149; Luis Cervera Vera, «Obras en el Alcázar madrileño de Carlos V», pp. 44-59; Virginia Tovar Martín, «El Palacio Real de Madrid en su entorno», pp. 60-79; José Manuel Barbeito, «Velázquez y las obras reales», pp. 80-95; José Luis Sancho, «El interior del Alcázar de Madrid durante el reinado de Felipe V», pp. 96-111; Javier Portús Pérez, «El retrato vivo. Fiestas y ceremonias alrededor de un rey y su palacio», pp. 112-130; Rosario Díez del Corral, «El Alcázar medieval», pp. 133-134, «El Alcázar de Carlos V», pp. 135-138, «Los nuevos aposentos reales. La decoración», pp. 139-141, «El Alcázar de Felipe III. La fachada de Francisco de Mora», pp. 150-151, «El Alcázar de Juan Gómez de Mora», pp. 152-158, «El entorno del palacio», p. 159, y «El jardín de la priora», p. 160; Jesús Sáenz de Miera, «Arquitectura y decoración en los reinados de Felipe IV y Carlos II», pp. 161-163, y «El reinado de Carlos II y la terminación del Alcázar», pp. 164-170; José Manuel Barbeito, «Francisco Herrera el Mozo y la comedia `Los celos hacen estrellas'», pp. 171-172; Alfonso E. Pérez Sánchez, «La pintura en el Alcázar», pp. 176-195; José María Ruiz Manero, «Pinturas italianas del siglo XVI en el Alcázar de Madrid», pp. 196-219; Fernando Checa Cremades y Jesús Sáenz de Miera, «La corte española y la pintura de Flandes», pp. 220-235; Juan J. Luna, «Consideraciones acerca de la pintura en el Alcázar durante el reinado de Felipe V», pp. 236-247; Miguel Morán Turina, «Las estatuas del Alcázar. Notas sobre las colecciones escultóricas de los Austrias», pp. 248-263; Jesús Sáenz de Miera, «Lo raro del orbe. Objetos de arte y maravillas en el Alcázar de Madrid», pp. 264-287; Concepción Herrero Carretero, «Las tapicerías ricas del Alcázar de Madrid», pp. 288-307; Pilar Benito García, «El Alcázar vestido de seda. Colgaduras y alfombras de smc Carlos II», pp. 308-317; Elena Santiago Páez, «Las bibliotecas del Alcázar en tiempos de los Austrias», pp. 318-343; Manuel Sánchez Mariana, «La Biblioteca Real de Felipe V en el Alcázar», pp. 344-351; Andrés Ruiz Tarazona, «La música en el Alcázar de Madrid», pp. 352-365; Alejandro Massó, «Instrumentos musicales y vida cotidiana en el Alcázar de Madrid», pp. 366-376; Fernando Checa Cremades, «Las colecciones de pinturas de Felipe II», pp. 379-381, «Las colecciones de pinturas en el Alcázar de Madrid durante el siglo XVII. Los inventarios de 1636, 1666, 1686 y 1700», pp. 382-387, «Los ámbitos religiosos del Alcázar de Madrid», pp. 388-390, «El salón de los espejos», pp. 391-394, «El salón dorado o de comedias», pp. 395-398, «La galería del cierzo», p. 399, «La galería del mediodía», pp. 400-402, «La pieza ochavada», p. 403, «El apartamento bajo de verano y las bóvedas de Tiziano», pp. 405-407, y «La armería del Alcázar de Madrid», pp. 408-415; Jesús Sáenz de Miera, «Cassiano dal Pozzo y los tapices del Alcázar de Madrid», pp. 416-418; José Manuel Barbeito, «Piezas de las colecciones artísticas del Alcázar enajenadas a la muerte de Carlos II. La sala de las Furias», pp. 419-424; Rosario Díez del Corral, «La morada del rey. Los palacios europeos y el Alcázar madrileño», pp. 428-447; Jonathan Brown, «Nos quedamos atónitos ante la cantidad de pinturas. El coleccionismo ­regio en el siglo XVII», pp. 448-459; ­José Manuel Matilla, «Grabado y propaganda. La imagen de los palacios reales en la ­Europa moderna», pp. 460-485; José Luis Checa Cremades, «El Real Alcázar de Madrid. Fuentes escritas», pp. 487-509.
El Museo del Prado fue una de las cinco sedes de esta exposición que se desarrolló, además, en el Palacio Real de Madrid (las colecciones de objetos), la Academia de Bellas Artes de San Fernando (la arquitectura), la Calcografía Nacional (el contexto ­europeo) y la Fundación Carlos de Amberes (las fiestas y la música). La intención de la muestra fue la de ofrecer al público una imagen lo más completa posible de un edificio de­saparecido, pero capital en el desa­rrollo de las artes y el coleccionismo de la España de los siglos XVI, XVII y primeros años del siglo XVIII, como fue el Real Alcázar de Madrid. Ampliado decisivamente por Carlos V en la primera mitad del siglo XVI, Felipe II lo convirtió en sede del gobierno de la monarquía hispánica y de buena parte de su colección artística, Felipe III y Felipe IV aumentaron su tamaño y sus colecciones, que alcanzaron su culminación en tiempos de Carlos II. Cuando, con la llegada de la dinastía de Borbón, Felipe V emprendía amplios trabajos de adaptación a las nuevas corrientes estéticas, un incendio, iniciado el 24 de diciembre de 1734, acabó con el edificio. Una buena parte de las colecciones del Prado proceden de las acumuladas en el Real Alcázar durante los siglos XVI y XVII. Por ello, y ante la imposibilidad de mostrar en su amplitud el fenómeno, lo que hubiera exigido la remodelación de casi todo el Museo, se optó por una alusión a tres de los principales ámbitos coleccionísticos del Real Alcázar a través de una nueva disposición de varias piezas capitales del Museo. De los ámbitos de representación política del Real Alcázar se eligieron los dos principales, la sala ochavada y el salón de los espejos, reuniendo tanto los escasos dibujos que de sus decoraciones nos han llegado, como varias de las pinturas de Tiziano, Velázquez, Rubens, Gentileschi y Tintoretto, que colgaron en este recinto. Igualmente, procedentes del Palacio Real, se expusieron varias de las esculturas de la serie de «Los Planetas», que estaban en la mencionada sala ochavada. Una operación similar se realizó con algunos de los ámbitos de devoción, exponiendo tanto varios de los dibujos conservados de capillas y oratorios como las pinturas de Tiziano y Velázquez que en ellos colgaban. Habría que destacar la capilla del Alcázar, presidida durante varios años por el monumental Caída en el camino del Calvario, «el pasmo de Sicilia», de Rafael, que se acompañó, como estaba en su lugar de origen, por dos tapices de la serie de «Los Hechos de los Apóstoles», diseñados también por Rafael, que se conservan en las colecciones del Patrimonio Nacional. De los ámbitos profanos se eligieron para su exhibición las llamadas bóvedas de Tiziano, con una amplia selección de desnudos de este artista, de Rubens y de Tintoretto. Cabe destacar la reconstrucción del techo con las escenas bíblicas de Tintoretto que trajo Velázquez de Italia, y que se colocó en uno de los ámbitos de estas «bóvedas» en el reinado de Felipe IV. Esta reconstrucción sirvió de base para su instalación en las salas permanentes del Museo del Prado. Todo ello se completaba con una sala de retratos con los personajes reales que habitaron el edificio desde Carlos V a Felipe V, alrededor de una maqueta de nueva construcción, que mostraba el Real Alcázar en los años cincuenta del siglo XVII, es decir, cuando Diego Velázquez pintaba Las meninas en la galería del príncipe.

Fernando Checa Cremades

 
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