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Rembrandt. Pintor de historias [exposición 2008]
15 de octubre-6 de enero de 2009.
Comisario: Alejandro Vergara.
Obras: 40.
Catálogo: Alejandro Vergara, «Historias de Rembrandt», pp. 17-57; Mariët Westermann, «Rembrandt intemporal: la Antigüedad como fuente para el pintor de historia de la Edad Moderna», pp. 59-93.

Esta exposición se centró en los cuadros de temas bíblicos e históricos de Rembrandt, los temas que en la escala de valores del artista y sus contemporáneos eran los más importantes a los que podía dedicarse un pintor. Además, era en ellos donde un artista mejor podía representar las reacciones de las personas ante situaciones dramáticas, y con ello explorar la condición humana. En la muestra se incluyeron obras de todas las épocas de la carrera de Rembrandt.  Su período de formación se inició en Leiden en 1620, y culminó con su mudanza a Ámsterdam hacia 1631-1633. En ese momento ya era un pintor de éxito, que había aceptado a sus primeros pupilos. No existe un único estilo característico de Rembrandt en su juventud, sino una variedad de idiomas a través de los cuales buscaba expresar con la mayor intensidad posible los sentimientos de los protagonistas de sus historias.  Desde su llegada a Ámsterdam hasta 1645 aproximadamente, Rembrandt vivió sus años de mayor éxito. Aunque en un principio su fama se basó en sus espléndidos retratos, también realizó numerosos cuadros de historia. El apoyo de Constatijn Huygens le sirvió para conseguir encargos de la Corte de Frederik Hendrik de Orange y Amalia van Solms en La Haya, y también encontró clientes entre la alta burguesía de Ámsterdam. Además, gracias a sus grabados, sus obras alcanzaron una gran difusión por toda Europa. A partir de 1645 aproximadamente, se observa una transformación radical en el estilo del pintor. Las expresiones extrovertidas y el dinamismo de las composiciones desaparecen de sus cuadros, y los sustituyen la quietud y la concentración psicológica. El vigor físico característico de los personajes de Rembrandt en años anteriores se transforma en este momento en vigor de espíritu. En muchas zonas de los cuadros de esta etapa las gruesas pinceladas, más que definir las formas, las sugieren. El protagonismo que el artista concede en sus últimos años a una factura de aspecto inacabado es sorprendente.  Según Arnold Houbraken, uno de los primeros biógrafos de Rembrandt, este afirmó que «una pintura está terminada cuando al maestro ha conseguido sus objetivos». Con esta frase el pintor afirmaba su independencia como creador y también su creencia en que los objetivos de la pintura van más allá de representar la mera apariencia de las cosas. Junto a las obras de Rembrandt, en esta exposición se incluyeron, además, algunos cuadros de otros artistas, todos de la colección del Museo del Prado. La función de estas obras fue ayudar al espectador a entender al pintor holandés: en algunos casos representan al modelo estético que le guió, o ante el que reaccionó. En otras ocasiones se trata de obras de contemporáneos cuya diferencia con Rembrandt servía para comprender mejor su peculiar estética. El arte de Rembrandt está firmemente anclado en la tradición pictórica europea. Sin embargo, su actitud hacia esa tradición es crítica: muy pocos artistas han tenido su ambición de transformarla ni lo han hecho de forma tan radical.

Alejandro Vergara

 
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