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Retrato de un caballero [Carreño de Miranda]
Hacia 1675, lápiz negro y sanguina sobre papel verjurado amarillento, 211 x 162 mm [D3809].
La inscripción que aparece en el ángulo inferior izquierdo, en la que se lee «Velazqz», es, sin duda, posterior a la ejecución del retrato, y nada hay que recuerde a otros dibujos del maestro sevillano, o a alguna de sus pinturas. Esa antigua atribución se basa, más bien, en cierto aire de familia que presenta esta obra en relación con algunos retratos del ámbito cortesano español de mediados y finales del siglo XVII. De hecho, actualmente el dibujo se atribuye a Juan Carreño de Miranda, que fue uno de los sucesores de Velázquez en su actividad como retratista de corte. El personaje aparece de busto y ligeramente girado, siguiendo un esquema frecuente en otros retratos de esa época, tanto dibujados como pintados. Es el caso, por ejemplo, del dibujo que representa a Carlos II, también de Carreño, de la Real Academia de San Fernando, con el que comparte no solo ese giro sino también algunos caracteres estilísticos. Así, la forma de resolver el cabello mediante rápidas ondulaciones es similar, aunque en el caso de la obra del Prado hay una descripción mucho más profusa del conjunto de la cabeza. También es parecida la fórmula de moldear mediante sutiles sombras de intensidad variable. Es una obra que puede datarse en torno a la década de 1680, a juzgar por la longitud y forma del cabello. En ella su autor se muestra un consumado dibujante, que sabe combinar escrituras distintas para crear un espléndido efecto de conjunto. Así, mientras que el cabello, el perfil del tronco o el cuello se gobiernan mediante gruesas líneas que identifican los perfiles o crean volúmenes, el rostro (donde se concentra la mayor parte de la fuerza expresiva de la obra) se resuelve a base de un delicadísimo juego de luces y sombras que no crean lí­neas sino volúmenes. Y todo ello da lugar a una pieza de una extraordinaria eficacia expresiva, que constituye uno de los mejores retratos dibujados de su época. Como en sus pinturas, Carreño logra transmitir una gran sensación de viveza e inmediatez, y lo hace subrayando la naturalidad del modelo. Se desconoce la función que tuvo este dibujo. Es innegable su valor autónomo como retrato, pues el artista ha sabido transmitir perfectamente los rasgos que individualizan al personaje. Además, no se conoce ningún retrato de esa época que represente al mismo modelo. Sin embargo, la inmensa mayoría de los dibujos atribuidos actualmente a Carreño tenían una función auxiliar, y se pueden poner en relación con composiciones llevadas al fresco o al lienzo, lo que permite sospechar que estamos ante una obra preparatoria para un retrato pintado. El dibujo pertenece a las colecciones del Prado desde 1930, en que ingresó formando parte del legado Fernández Durán.

Javier Portús Pérez

Bibliografía

  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Carreño, Avilés, 1985, p. 85.
  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Dibujos españoles. ­Siglos xv-xvii, «Museo del Prado. Catálogo de dibujos», Madrid, Museo del Prado, Patronato Nacional de Museos, 1972, t. I, p. 74.
  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Historia del dibujo en España, Madrid, Cátedra, 1986, p. 236.
  • Sánchez Cantón, Francisco Javier, Dibujos españoles, Madrid, Hauser y Menet, 1930, t. V, p. 386.
Retrato de caballero[Carreño]
Lupa
Retrato de caballero[Carreño]
 
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