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Retrato español. Del Greco a Picasso, El [exposición 2004]
20 de octubre-6 de febrero de 2005.
Comisario: Javier Portús Pérez.
Obras: 87.
Catálogo: Leticia Ruiz Gómez, «El retrato español en el Museo del Prado (1490-1800) », pp. 17-35; «La creación del retrato español en el siglo XVI», pp. 37-43; Javier Portús Pérez, «El siglo XVII: la madurez del género», pp. 83-89; Juan J. Luna, «La internacionalización del retrato en el siglo XVIII», pp. 133-139.
El retrato ha sido uno de los géneros más importantes de la pintura europea desde finales de la Edad Media. España a lo largo de estos siglos ha forjado una tradición de pintura de retrato con una personalidad fuerte y singular. Pero, a pesar de la importancia que ha tenido el género en el país, y de que los pintores españoles más destacados se dedicaron con asiduidad al mismo, no se había organizado ninguna exposición que de manera ambiciosa describiese el desarrollo del mismo en nuestra pintura; así como tampoco existía ninguna obra en la que se plantease de manera monográfica el estudio del mismo. Para llenar esta laguna se organizó esta muestra integrada por ochenta y siete pinturas de más de una treintena de artistas diferentes, que trabajaron desde finales de la Edad Media hasta principios del siglo XX, contribuyendo al desarrollo del retrato español y sus principales tipologías. Así se incluyeron pinturas de Bartolomé Bermejo, Pedro Berruguete, Alonso Sánchez Coello, Ribera, Zurbarán, Murillo, Carreño, Paret, Meléndez, Federico de Madrazo, Rosales, Casas, Nonell, Miró, Juan Gris, entre otros, al igual que de artistas extranjeros como Juan de Flandes, Tiziano, Antonio Moro o Mengs. La exposición tuvo como ejes fundamentales las obras de El Greco, Velázquez, Goya y Picasso, autores de cerca de la mitad de las obras expuestas, tratando de proporcionar al espectador una serie de claves que le permitieran identificar la existencia de una tradición en este campo. Un espacio estuvo dedicado al «Retrato cortesano» para mostrar que si en España el género del retrato había alcanzado un nivel de calidad tan alto y una gran continuidad se debe a que existió una corte muy importante que iba llamando a su servicio a los artistas más destacados de cada momento, y los empleaba en la ejecución de retratos. Fue el caso de Tiziano, Moro, Sánchez Coello, Velázquez o Carreño de Miranda. Otro apartado estaba dedicado a retratos de busto de El Greco y Velázquez, éste conocía la obra de su predecesor y la tuvo en cuanta en sus retratos; ofreciendo al espectador la oportunidad además de asistir al nacimiento del «retrato civil» en España, vinculado a la galería de ciudadanos de Toledo que nos ha dejado El Greco. Poco más allá, eran Velázquez y Goya los que se encontraban, bajo la atenta mirada de la Mujer de azul, de Picasso, (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid) que es una paráfrasis de Mariana de Austria, de Velázquez. En este capítulo colgaban La familia del Infante Don Luis (Fondazione Magnani-Rocca, Parma); La familia de Carlos IV, de Goya, junto a grandes retratos femeninos de este pintor, como las dos versiones de la duquesa de Alba (Colección Alba, Madrid y Hispanic Society of America, Nueva York) o La condesa de Chinchón del Museo del Prado. Una sala adjunta se habilitó para mostrar obras maestras del retrato ecuestre, de autores como Tiziano, Rubens y Velázquez. Además de estos espacios, la muestra contaba con salas que reunían obras realizadas en épocas similares. Así, la primera estaba dedicada a mostrar los orígenes del retrato y el proceso por el que este tema artístico acabó convirtiéndose en un género autónomo, con obras de Bartolomé Bermejo, Juan de Flandes, Pedro de Berruguete o Pedro de Campaña. Otras salas mostraban, respectivamente, efigies de religiosos y retratos de enanos, bufones, etc., que constituyen una de las tipologías más importantes de la historia del retrato español, y que mejor sirven para singularizarlo respecto a otras tradiciones. En ella se exponían, entre otros, algunos de los bufones de Velázquez, La mujer barbuda de Ribera, y Cuatro figuras en un escalón, de Murillo (Kimbell Art Museum, Fort Worth, Texas). La sala dedicada al siglo XVIII estaba formada principalmente por autorretratos y retratos de familiares y amigos de artistas, como Goya, Meléndez, Paret y Mengs, destacando Autorretrato con el Doctor Arrieta, de Goya (Minneapolis Institute of Arts), y el Autorretrato, de Luis Meléndez (Musée du Louvre, París). En cuanto al siglo XIX los cuadros reflejaban las diferentes alternativas estéticas que se dieron entonces, con un especial énfasis en las obras de Sorolla, Casas y Federico de Madrazo, que revelaban la recobrada influencia de Velázquez. La muestra culminaba con una importante selección de retratos de Picasso realizados en 1901-1906. Era la primera vez que exponían obras del pintor en el edificio de Juan de Villanueva, obras maestras como La Celestina, el Autorretrato, de 1901, (ambos del Musée Picasso, París) y el Retrato de Gertrude Stein (Metropolitan Museum of Art, Nueva York).

Javier Portús Pérez

 
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