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Ribera (1591-1652) [exposición 1992]
2 de junio-17 de agosto.
Comisarios: Alfonso E. Pérez Sánchez y Nicola Spinosa.
Obras: 193.
Catálogo: Alfonso E. Pérez Sánchez, «Introducción», pp. 15-17; José Milicua, «De Játiva a Nápoles (1591-1616)», pp. 19-33; Nicola Spinosa, «Ribera en Nápoles», pp. 35-55, y «Ribera en San Martino», pp. 57-71; Renato Ruotolo, «La clientela napolitana de Ribera», pp. 73-77; Alfonso E. Pérez Sánchez, «Ribera y España», pp. 79-105; Ángela Madruga Real, «Ribera, Monterrey y las agustinas de Salamanca», pp. 107-113; Manuela B. Mena Marqués, «El dibujo en el arte de Ribera», pp. 115-129; Jonat­han Brown, «Jusepe de Ribera, grabador», pp. 131-145; Pierre Rosenberg, «De Ribera a Ribot. Del naturalismo al academicismo: el destino de un pintor en pos de su nacionalidad y de su definición estilística», pp. 147-163; Gabriele Finaldi, «Apéndice documental de la vida y la obra de José de Ribera», pp. 485-506.
La conmemoración del cuarto centenario del nacimiento del pintor José de Ribera tuvo como consecuencia inmediata la celebración de grandes exposiciones a él dedicadas. El Prado, que venía preparando la celebración conjuntamente con el Museo Nazionale di Capodimonte de Nápoles desde hacía varios años, acogió la gran muestra entre junio y agosto de 1992, bajo la dirección científica de Alfonso E. Pérez Sánchez y Nicola Spinosa, que ya habían comisariado conjuntamente la exposición celebrada en el castillo de San Telmo de Nápoles unos meses antes. La exposición madrileña, celebrada en la gran galería del Prado, acondicionada expresamente por el arquitecto Francisco Rodríguez de Partearroyo, reunió ciento veintinueve lienzos y sesenta y cuatro dibujos de las más diversas procedencias: españolas, italianas y de todo el mundo. En esta ocasión, se reunió el «Apostolado» perteneciente al Prado, que había estado disperso en distintos depósitos fuera del Museo. Excepcional fue la aportación napolitana con obras de la Quadreria de los Girolamini, del Museo Nazionale di Capodimonte y de la cartuja de San Martín. Igualmente Patrimonio Nacional aportó cuadros de los monasterios de El Escorial y la Encarnación y del palacio de El Pardo. El Museo de Bellas Artes de Valencia San Pío V aportó dos lienzos de sabios (Heráclito y Pitágoras) que acababan de adquirir; la colegiata de Osuna, los cinco lienzos que atesora, el convento de agustinas de Monterrey, el conjunto de que es propietaria en su iglesia. Los museos del Louvre, National Gallery de Londres, Metropolitan de Nueva York, Szépmûvészeti Múzeum de Budapest, Narodni Galerie de Praga, Picar­die de Amiens, Fabre de Montpellier, Meado­ws de Dallas, o los españoles de Bellas Artes de Bilbao, de Álava o de Sevilla prestaron obras significativas y la aportación de particulares fue también excepcional. En cuanto a los dibujos, el conjunto presentado era el mayor reunido hasta ese momento y permitía estudiar o conocer las diversas técnicas usadas por el artista y los múltiples y caprichosos temas que presentan. Muchas de las obras se restauraron expresamente para la ocasión, entre ellas la enorme Inmaculada de las agustinas de Monterrey en Salamanca, que salía por vez primera de su iglesia. El catálogo reunió ensayos de muchos especialistas, abordando múltiples aspectos de la producción y la personalidad del pintor y de su influencia en Italia, en España y en el resto de Europa, así como cuidadoso registro cronológico de cuantos datos documentales se poseen de su actividad. La labor de investigación, limpieza y restauración llevada a cabo entonces permitió obtener resultados imprevistos y sorprendentes, y precisiones de carácter histórico y científico, incorporadas ya definitivamente al conocimiento del artista.

Alfonso E. Pérez Sánchez

Bibliografía

  • Ribera (1591-1652), cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 1992.
 
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