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Roma. Naturaleza e Ideal (Paisajes 1600-1650) [exposición 2011]
5 de julio–25 de septiembre.
Comisario: Andrés Úbeda de los Cobos.
Obras: 102.
Catálogo: Stéphane Loire, «El paisaje en Roma: Annibale Carracci y sus seguidores», pp. 15-29; Francesca Cappelletti, «El paisaje nórdico en Roma en las primeras décadas del siglo XVIII. De Bril a van Swanevelt y los pintores italianos», pp. 31-43; Patrizia Cavazzini, «Claudio de Lorena en el contexto romano», pp. 45-55; Silvia Ginzburg, «Los paisajes de Nicolas Poussin y Gaspard Dughet en la primera mitad del siglo XVII», pp. 57-67; Andrés Úbeda de los Cobos, «Las pinturas de paisaje para el palacio del Buen Retiro de Madrid», pp. 69-77; Francesca Cappelletti y Patrizia Cavazzini, «Coleccionismo y mercado de pinturas de paisaje en Roma en la primera mitad del siglo XVII», pp. 79-89; Stéphane Loire, «El paisaje romano en las colecciones francesas del siglo XVII», pp. 91-97.

Esta exposición tuvo como punto de partida el atractivo que la ciudad eterna ejerció sobre los artistas, con sus vestigios de la Antigüedad clásica y los sugerentes parajes que la circundan; dándose así una frecuente mezcla pictórica de parajes naturales en diferentes momentos del día. El segundo punto fundamental fue la coincidencia en Roma de un numeroso grupo de pintores de procedencia muy diversa que estimularon un apasionante debate que conformó las principales características del nuevo género. Fue Annibale Carracci quien elaboró el prototipo del paisaje armónicamente estructurado que a finales del siglo XVII mereció el calificativo de «clásico». El ejemplo de Carracci fue posteriormente desarrollado por sus discípulos boloñeses, como Domenichino o Francesco Albani, quienes enriquecieron el género con referencias literarias. Paul Bril, por otro lado, aportó la creación de variantes como el paisaje marino, pequeñas escenas de género o paisajes con topografía precisa. De esta manera, él y otros artistas procedentes de Amberes, como Jan Brueghel o Sebastian Vrancx, modernizaron en Roma la tradición de la pintura de Amberes del siglo XVI. Otro factor importante en el desarrollo de la pintura de paisaje reside en la presencia en Roma del alemán Adam Elsheimer, quien introdujo en sus paisajes pequeños personajes y referencias literarias, así como la tensión dramática propia de los grandes cuadros de historia. Su pasión por los efectos atmosféricos y las variaciones lumínicas constituyen un antecedente importante para el paisaje naturalista de Bartholomeus Breenbergh, Cornelis van Poelenburch y Filippo Napoletano, que inspiraron también a pintores como Carlo Saraceni y Orazio Gentileschi, todos ellos presentes en la exposición. Especial importancia tuvieron las dos secciones dedicadas a Claudio de Lorena y a Nicolas Poussin, los dos máximos representantes del género, cuyas obras permiten dar el paso definitivo de género menor a una pintura de prestigio reconocido, dotada de características específicas que señalan su singularidad como género. Junto a ellos se expusieron piezas de otros pintores franceses como Jean Lemaire o Gaspard Dughet, cuyas ensoñaciones románticas causaron un fuerte impacto en futuros paisajistas, como Courbet. Los artistas españoles tuvieron como eje vertebrador las pinturas encargadas por Felipe IV para el nuevo Palacio del Buen Retiro, cuya decoración comenzó en 1633. Las exigentes condiciones impuestas desde Madrid obligaron a los artistas participantes en el encargo a buscar soluciones nuevas, dando como resultado paisajes más ambiciosos y monumentales que los realizados hasta entonces. Especial relevancia tuvieron Velázquez y Martínez del Mazo.

A. P.

 
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