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Enciclopedia online

San Bernardo y la Virgen [Alonso Cano]
Óleo sobre lienzo, 267 x 185 cm [P3134].
San Bernardo se había distinguido a lo largo de su vida por la promoción del culto a María, de la que no se cansaba de cantar sus alabanzas. Como premio a esa devoción, la Virgen le regaló con un chorro de su leche. Se trataba de una historia muy querida por la sociedad española del barroco, pues aunaba devoción mariana con acción sobrenatural y, al mismo tiempo, pintoresca. Ése es el tema que se desarrolla en esta obra, que es muy probablemente la misma que se cita en la iglesia de Santa Leocadia de los capuchinos de Toledo. Allí la vio en el siglo XVIII Antonio Palomino, que la calificó como «una admiración». Durante el siglo XIX formó parte de la colección del infante don Sebastián Gabriel de Borbón, y en 1968 ingresó en el Museo del Prado. Tanto por su destino como por su estilo, hay que fecharla en alguna de las dos estancias de Alonso Cano en la corte; es decir, en la década de 1640 o entre 1657 y 1660. Se trata de una obra capital de Alonso Cano, en la que muestra una personalidad artística fuerte e independiente, y que se caracteriza por un punto de equilibrio entre seguridad compositiva, valentía cromática y dominio del dibujo que muy pocos pintores españoles de su época eran capaces de alcanzar. La composición ha sido resuelta de manera a la vez fácil y eficaz, y existe una gran claridad narrativa, sin elementos accesorios que distraigan de la escena principal. Todo ello se consigue mediante un espacio sencillo y esencial, organizado en bandas de colores de gran fuerza plástica. Este gusto por los vacíos resulta muy poco habitual en la pintura española de la época. El cuadro abunda en detalles de gran belleza. El rostro de san Bernardo es un prodigio de expresión, así como sus manos, y todo ello está construido a base de pinceladas anchas, fluidas y seguras. Pero, igualmente, el óculo que aparece en la parte superior derecha, con su prodigiosa reja, o los cipreses de tan alto poder evocador, son detalles de hermosura y delicadeza que definen a un gran pintor. Como el óculo, la peana sobre la que descansa la estatua de la Virgen, que recuerda algunos dibujos de Cano, nos sugiere el interés de este artista por el diseño arquitectónico. La escena está siendo contemplada en la parte inferior izquierda por un personaje al que desde el siglo XIX se ha identificado con el cardenal Sandoval y Rojas y del que se conservan otros retratos que muestran bastante parecido con éste. Su presencia en el cuadro está plenamente justificada por el hecho de que en 1611, siendo arzobispo de Toledo, impulsó el asentamiento de los capuchinos en la ciudad.

Javier Portús Pérez

Bibliografía

  • Cruz Valdovinos, José Manuel, «Varia canesca en Madrid», Archivo Español de Arte, lviii, n.º 231, Madrid, 1985, pp. 276-286.
  • Palomino, Antonio, Vidas [1724], Madrid, Alianza Editorial, 1986.
  • Wethey, Harold Edwin, Alonso Cano, pintor, escultor y arquitecto, Madrid, Alianza Editorial, 1983.
San Bernardo y la Virgen [Cano, Alonso]
Lupa
San Bernardo y la Virgen [Cano, Alonso]
 
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