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Enciclopedia online

Susana y los viejos [Guercino]
1617, óleo sobre lienzo, 176 x 208 cm [P201].
Susana y los viejos es un excelente ejemplo del estilo de la primera madurez de Guercino, pintado unos cuatro años antes de que el artista dejara su Cento natal para trasladarse a Roma, que en 1621 marcó un punto de inflexión en su carrera. El tema es una historia bíblica contada en el libro de Daniel. Susana era la joven esposa, piadosa y bella, de Joaquín, un judío de Babilonia próspero y respetado. Dos jueces viejos que frecuentaban la casa se enamoraron de ella. Un día entraron a escondidas en el jardín donde Susana acudía a bañarse en una fuente, e intentaron que se les entregara bajo la amenaza de acusarla de adulterio. ­Susana no cedió al chantaje y los viejos cumplieron la amenaza. ­Como eran jueces se les creyó, y la inocente mujer fue condenada a muerte. Pero un inteligente joven llamado Daniel puso al descubierto el engaño; Susana quedó salvada, y los condenados fueron los jueces por acusarla falsamente. El asunto fue popular entre los artistas y sus clientes desde mediados del siglo XVI por la ocasión que brindaba de mostrar el desnudo femenino. Los pintores solían representar la escena en que los viejos mani­fiestan sus intenciones a Susana, pero aquí Guercino ha reflejado el momento inmediatamente anterior: los viejos gesticulan rebosantes de excitación al verla desnuda, y ella, ensimismada en el baño, aún ignora su presencia. El viejo de arriba parece hacer señas al espectador e implicarle así en la escena de ­voyeurismo. La utilización dramática del claroscuro realza el contraste entre la pureza inocente de la joven, de piel pálida y luminosa, y la lasciva malevolencia de los arrugados ancianos. Susana y los viejos es una de las cuatro pinturas de gran ­formato que Guercino ejecutó en 1617-1618 para el cardenal Alessandro Ludovisi, arzobispo de Bolonia y uno de los más importantes mecenas de su juventud, que más tarde sería papa con el nombre de Gregorio XV (1621-1623). Las otras tres son Lot y sus hijas (El Escorial), Vuelta del hijo pródigo ahora muy deteriorada ­(Galleria Sabauda, Turín) y La resurrección de Tabita (Palazzo Pitti, ­Galleria Palatina, Florencia). La Susana fue pintada para hacer pareja con el ligeramente anterior Lot, y ello, sin duda, influyó en aspectos de su composición. Ambos cuadros están inventariados en las colecciones romanas de los Ludovisi en 1623 y 1633, y en Roma los reseñó también el biógrafo de artistas Passeri. En 1664 el príncipe Niccolò Ludovisi los legó a Felipe IV de España, y fueron enviados a El Escorial. La Susana pasó al Palacio Nuevo de Madrid antes de 1814, y de allí al Prado. En su Felsina pittrice de 1678, el biógrafo Malvasia, generalmente bien informado en lo referente a Guercino, fechó su trabajo para el cardenal Ludovisi en 1618, pero por otros testimonios parece probable que al menos tres de los cuadros, y entre ellos la Susana, fueran pintados el año anterior. Dos cartas de julio y octubre de 1617 del veterano pintor Ludovico Carracci a su amigo Ferrante Carlo comentan en términos muy elogiosos la presencia de Guercino en Bolonia, ocupado en «ciertas pinturas» para el cardenal arzobispo que está llevando a cabo «heroicamente». En la segunda de esas cartas añade ­Carracci que Guercino «pinta con suma felicidad de invención; es gran dibujante y acertadísimo colorista, un monstruo de la naturaleza y prodigio que asombra al que ve sus obras [...] y deja en la sombra a los mejores pintores». Todo anima a pensar que la Susana estuviera entre las pinturas a las que se refería Ludovico, ya que Malvasia consignó en una nota manuscrita que Ludovisi pidió consejo al maestro de más edad sobre cuánto se debería pagar a Guercino por el Lot, la Susana y el Hijo pródigo (su sugerencia de 70 escudos por cada uno se juzgó exagerada, y parece ser que Guercino se contentó con 75 escudos por los tres). En qué medida los encargos de Ludovisi fueran realizados por Guercino en Bolonia y no después de regresar a Cento, donde tenía su taller, es discutible. La anécdota que cuenta Malvasia de que la modelo para la figura de Susana fue una hermosa mujer que estaba en la prisión arzobispal parece inventada. El primer estilo de Guercino, muy personal y dramático, estaba plenamente formado cuando pintó esta obra. Aunque en la composición hay huellas del gran grabado de Aníbal Carracci sobre el tema, ejecutado más o menos hacia el año en que Guercino había nacido, la pintura del Prado es digna de nota por la novedad del planteamiento. Guercino fue un dibujante brillante y prolífico, que solía explorar cada composición en múltiples esbozos preparatorios antes de tomar los pinceles, por lo que es sorprendente que no se conozcan dibujos preparatorios para ésta (para su pareja Lot y sus hijas hizo no menos de seis estudios compositivos). Probablemente en 1618 pintó una ­segunda Susana y los viejos, muy diferente de composición, para monseñor Carafa, vicedelegado en Ferrara (durante mucho tiempo perdida y ahora localizada en una colección particular italiana), y una encan­tadora obra de asunto conexo, el ­Paisaje con mujeres bañándose (Museum Boijmans van Beuningen, Róterdam). Mucho después, en 1649-1650, volvió a pintar el tema de Susana para un cliente de Reggio Emilia (Galleria Nazionale, Parma). La comparación de esa pintura con la del Prado ofrece un ejemplo muy instructivo del profundo cambio que experimentó su estilo en treinta años. El aprecio del cardenal Ludovisi por Susana y los viejos y las restantes obras que Guercino pintara para él en Bolonia tuvo repercusiones importantes en la carrera del artista, ya que al ser elevado Ludovisi al solio pontificio le llamó a Roma. Entre las obras de importancia que Guercino hizo allí se cuentan el célebre fresco de La Aurora en el techo del Casino Ludovisi y un enorme ­cuadro de altar para la basílica de San Pedro, El entierro de santa Petronila y su recepción en el Cielo (ahora en la Pinacoteca Capitolina, Roma).

Aidan Weston-Lewis

Bibliografía

  • Giovanni Francesco Barbieri, il Guercino, 1591-1666, cat. exp., Bolonia, Nuova Alfa Editoriale, 1991, pp. 76-77, n.º 23.
  • Il Guercino (Giovanni Francesco Barbieri, 1591-1666). Catalogo critico dei dipinti, cat. exp., Bolonia, Palazzo dell'Archiginnasio, 1968, pp. 45-47 y 53-55, n.º 21.
  • Malvasia, Carlo Cesare, Felsina pittrice: Vite de' pittori bolognesi con aggiunte, correzioni e note inedite dell'autore, 2 vols., Bolonia, Guidi all'Ancora, 1841, II, pp. 258 y 283.
  • Museo del Prado: catálogo de las pinturas, Madrid, Ministerio de Educación y Cultura, 1996, p. 168.
  • Pérez Sánchez, Alfonso E., Pintura italiana del siglo XVII en España, Madrid, Fundación Valdecilla, 1965, pp. 140-141.
  • Pintura italiana del siglo XVII. Exposición conmemorativa del ciento cincuenta aniversario de la fundación del Museo del Prado, cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, Educación y Ciencia, 1970, pp. 314-315, n.º 100.
  • Salerno, Luigi, I dipinti del Guercino, Roma, Ugo Bozzi, 1988, p. 115, n.º 34.
Susana y los viejos[Guercino]
Lupa
Susana y los viejos[Guercino]
 
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