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Viardot, Louis (Dijon, 1800-París, 1883). Tras cursar la carrera de Derecho en París, decide dedicarse a la literatura y a la actividad periodística. Su primer contacto con España, como miembro de la expedición francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis de 1823, le conduce a escribir Lettres d'un espagnol (publicado en 1826), descripción de la Península a través de una ficción epistolar ambientada en la Guerra de la Independencia, en la que solo menciona el Prado de paso, calificando el edificio de «muy bello». Su primera con­tribución notable al hispanismo ­-Etudes sur l'histoire des institutions, de la littérature, du théâtre et des ­beaux-arts en Espagne (1835)- contiene una evocación del Prado mucho más pormenorizada (56 páginas) que la que había ofrecido Mérimée a los lectores franceses, en 1831. En este libro, atribuye de manera errónea el proyecto de la creación de este ­Museo de pinturas a Carlos III y elogia la presentación de los cuadros (clasificación por escuelas, luz, limpieza de las galerías). Opina que aunque pobre en escultura -Viardot menciona, sin embargo, a Solá y Álvarez-, el Museo dispone de una colección pictórica excepcional. Entre los italianos destacan los grandes maestros: Leonardo da Vinci, Reni, Tintoretto y, sobre todo, Tiziano (admira en particular Felipe ii ofreciendo al cielo al infante don Fernando, pintado a una edad muy avanzada), Veronés y Rafael (encomia Caída en el camino del Calvario, «el pasmo de Sicilia»). Dedica pocas páginas a las escuelas flamenca, alemana y francesa, por ser bien conocidas, y prefiere centrarse en la escuela española, cuya existencia, en su opinión, no duró más que un siglo y medio (una sola generación, «sin antepasados ni descendientes»). Entre los pintores españoles descuellan claramente Velázquez y Murillo. De Velázquez, comparado con Jean-Jacques Rousseau por su amor a la verdad, destaca su capacidad extraordinaria para imitar la naturaleza, su facilidad de ejecución y la excelencia tanto del colorido como del dibujo. Aunque, según él, Velázquez demostró su habilidad en todos los géneros, pintó pocos cuadros religiosos y acertó pocas veces en este campo, precisamente porque su ­espíritu observador y matemático estaba reñido con el calor del sentimiento y la idealidad de la expresión. Influido por la jerarquía tradicional de los géneros, Viardot concede poca importancia a los bodegones, y su declarada admiración por el Velázquez retratista deja traslucir cierta reticencia ante la serie de los enanos y bufones, que solo menciona de paso. Es de notar, sin embargo, que considera Los borrachos como la obra cumbre de ­Velázquez, solo igualada por Las meninas. Caracterizado por su capacidad de exaltación y su gusto por las composiciones religiosas, Murillo no tuvo estilos sucesivos, según Viardot, sino que adoptaba un determinado «género» de pintura (frío, cálido, vaporoso) según la temática del cuadro, división que tendrá mucho éxito a lo largo del siglo XIX. No le parece adecuado el «género frío» empleado por Murillo en Sagrada Familia del pajarito. Aprecia más La Adoración de los pastores, las distintas Vírgenes, más naturales que las de Rafael, o Los niños de la concha. Sintetizando la oposición que percibe entre Velázquez y Murillo, Viardot escribe: «Velázquez es el pintor de la tierra y Murillo el pintor del cielo». Ante la imposibilidad de evocar los numerosos cuadros valiosos de la escuela española, Viardot se contenta con destacar las obras de Juan de Juanes, Ribera y Collantes (Visión de Ezequiel: la resurrección de la carne [P666] le parece una pintura muy notable). Según él, la exposición de pintores contemporáneos, en la rotonda, muestra la decadencia de la escuela española; sin embargo, aunque presente imperfecciones patentes, la obra de Goya, altamente valorada por los románticos por su carácter caprichoso, ofrece bellezas singulares. En 1843, ­Viardot publica una descripción todavía más detallada de las colecciones del Prado (153 páginas), en un libro dedicado a los museos de España, In­glaterra y Bélgica. Aunque mantiene que el Prado es «el más rico del mundo», insiste en el carácter incompleto de sus colecciones -incluso por lo que se refiere a la escuela española-, que lo asemejan al «gabinete de un aficionado». Critica con severidad la ausencia de orden en la disposición de los cuadros en las distintas salas del Museo, y se queja de que no se haya editado un nuevo catálogo que incluya los cuadros flamencos y holandeses de las salas de la planta baja. Concebido como una guía para el visitante, el libro evoca sucesivamente a los principales pintores que integran las distintas escuelas de pintura, empezando por la italiana (nada dice de las colecciones escultóricas). Si bien no modifica sustancialmente sus comentarios de 1835, los enriquece lógicamente con la evocación de las obras maestras ­traídas de El Escorial en 1838-1839 (aprecia en particular La Sagrada ­Familia, de Bernardino Luini [P242], entonces atribuida a Leonardo da Vinci; el Noli me tangere, de Correggio, y los cuadros de Rafael). Considerando poco digna la actitud de quienes ­reniegan de un cuadro cuando se revela errónea su prestigiosa atribución, Viardot mantiene su elogio a Sala del Colegio de Venecia, de ­Malombra, que antes se creía de mano de Tintoretto. Por lo que se refiere a la pintura francesa, deplora la total ausencia de la «escuela de David». En su evocación de la pintura española, lamenta la presencia reducida de Pacheco y Zurbarán en el Museo y pondera las cualidades de Cano, a medio camino entre Murillo y Ribera. Su opinión sobre Goya ­sigue ambivalente, entre el elogio a la fuerza y a la audacia de su pin­celada y la reticencia ante las im­perfecciones del dibujo. El libro que publica Viardot en 1852, Les musées d'Espagne, no aporta ninguna modificación a su descripción del Prado: lo inédito es la breve historia de la pintura española que forma la introducción, así como las reseñas biográficas de pintores españoles (o que trabajaron en España) que incluye al final del volumen.

Pierre Géal

Bibliografía

  • Viardot, Louis, Etudes sur l'histoire des institutions, de la littérature, du théâtre et des beaux-arts en Espagne, París, Paulin, 1835, pp. 384-439.
  • Viardot, Louis, Les musées d'Espagne. Guide et memento de l'artiste et du voyageur, suivis de notices biographiques sur les principaux ­peintres de l'Espagne, París, Paulin et Chevalier, 1852, pp. 13-154.
  • Viardot, Louis, Les musées d'Espagne, d'Angleterre et de Belgique, París, Hachette, 1860, pp. 13-152.
  • Viardot, Louis, Les musées d'Espagne, d'Angleterre et de Belgique, París, Paulin, 1843, pp. 3-156.
  • Viardot, Louis, Lettres d'un espagnol, París, Imprimerie A. Guyot, 1826, p. 82.
 
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