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Whistler, James Abbott McNeill (Lowell, Massachusetts, 1834-Chelsea, Londres, 1903). Pintor, diseñador y artista gráfico estadounidense. Hijo de un ingeniero militar, Whistler desa­rrolló toda su carrera artística en Francia e Inglaterra. Tras intentar seguir la carrera militar en West Point (1851-1854) y trabajar un año en la oficina de la Coast Survey en Washington, en 1855 se trasladó a Europa, para no volver jamás a su país. Ya en París, entró en 1856 en el taller de Charles Gleyre y poco después se relacionó íntimamente con Courbet, Fantin-Latour, Legros y otros adeptos del rea­lismo. Sería en el interior de este círculo en el que nacería su interés por la pintura española del XVII, y especialmente por la de Velázquez. En 1859 se trasladó a Londres, que sería en adelante el centro de su actividad artística. Por otra parte, tras romper con las ideas del realismo en la década de 1860, derivaría cada vez más hacia el esteticismo, defendiendo con claridad la noción del «arte por el arte» en su célebre conferencia «Ten O'Clock» (1885), en la que citó repetidamente a Velázquez y afirmó que «sus infantas [...] tienen, en cuanto obras de arte, la misma calidad que los mármoles de Elgin». Whistler no visitó jamás el Museo del Prado. En el otoño de 1862, que pasó en Guetaria y San Juan de Luz reponiéndose de una enfermedad, proyectó viajar a Madrid para estudiar los cuadros de Velázquez, pero no pasó de Fuenterrabía. Tampoco llegó a realizar el viaje que planeaba efectuar en 1863 junto a Fantin-Latour. No obstante, visitó en 1857 la Art Treasures Exhibition celebrada en Manchester, en la que se expusieron una docena de pinturas de Velázquez pertenecientes a colecciones privadas inglesas -entre ellas, la Dama del abanico (Wallace Collection, Londres), la Venus del espejo (National Gallery, Londres) y un Retrato del conde-duque de Olivares-, copió, en 1858, en el Louvre, Les petits cavaliers, entonces consi­derada obra del sevillano y hoy de su escuela, y, según cuenta Bacher, uno de sus primeros biógrafos, como «[...] gran admirador de Velázquez [...] buscaba siempre sus cuadros en todas las galerías en las que entraba». Como señal de ello, hacia 1876 realizó un dibujo titulado Souvenir of Velazquez. A ­Reminiscence of Ve­lazquez' «Duke of Olivares». Por otra parte, parece haber buscado con ahínco fotografías de los cuadros del Prado. En la Universidad de Glasgow se conservan, entre las que le pertenecieron, nueve obras de Velázquez, incluyendo Las meninas y el retrato de Pablo de Valladolid. Por lo que se deduce de sus propias declaraciones y las de los que le conocieron, estaba interesado únicamente en los aspectos técnicos de Velázquez: la gama cromática y su ciencia de los valores tonales, la factura y la composición. Con una frase que recuerda las apreciaciones de Manet, alabó, en su conferencia «Ten O'Clock», el modo en que «hizo vivir a sus gentes dentro de sus marcos, manteniéndose sobre sus pies». La influencia de Velázquez en la obra de Whistler, y particularmente en los retratos, se mantuvo a lo largo de toda su carrera. Ya en 1860, cuando se expuso su cuadro Al piano (1858-1859, Taft Museum of Art, Cincinnati) en la Royal Academy de Londres, el crítico del Times señaló que «recuerda inevitablemente a Velázquez por su color y su factura». Después, el cromatismo velazqueño volvería a reaparecer en cuadros como Arreglo en gris y negro. Retrato de la madre del artista (1871, Musée d'Orsay, París) o Arreglo en gris y negro n.º 2. Retrato de ­Thomas Carlyle (1872-1873, Art Gallery and Museum, Glasgow), mientras que el gusto por la pincelada suelta aparecería en otros como La niña de Chelsea (1884, colección particular). Por otra parte, es posible que Las meninas estuviesen, al menos en parte, en la base de la composición de Whistler en su taller, un cuadro de gran formato del que solo llegó a rea­lizar dos pequeños bocetos en 1864. Sin embargo, donde más persistentemente se aprecia la huella de Velázquez en él es en su larga serie de retratos de hombres y mujeres en pie ante un fondo neutro. Algunos de ellos aluden a un modelo concreto, como Composición en negro n.º 2: Sir Henry Irving como Felipe II de España (1876, Metropolitan Museum of Art, Nueva York) y Castaño y oro (autorretrato) (1895-1900, Hunterian Art Gallery, University of Glasgow, Glasgow), ambos inspirados en Pablo de Valladolid, o Arreglo en negro: Retrato de Lady Archi­bald Campbell (1882-1883, Philadelphia Museum of Art, Filadelfia), que recuerda inevitablemente al Meni­po velazqueño. Otros cuadros, en cambio, son de inspiración más libre y recuerdan a Velázquez esencialmente por la gama cromática, la relación de la figura con el marco y el trata­miento espacial y atmosférico. Recuérdense, por ejem­plo, Arreglo en negro n.º 2: Retrato de Mrs. Louis Huth (1872-1873, colección Viscount Coudray), Armonía en gris y verde: Miss Cice­ly Alexander (1872-1874, ­Tate Gallery, Londres), Arreglo en amarillo y gris: Effie Deans (1876-1878, Rijksmuseum, Amsterdam) y Nácar y plata: La andaluza (h. 1894, National Gallery of Art, Washington).

José Álvarez Lopera

Bibliografía

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  • Fine, Ruth E. (ed.), James McNeill Whistler. ­A Reexamination, «Studies in the History of Art», Washington, National Gallery of Art, t. v. XIX, 1987.
  • James McNeill Whistler, cat. exp., Londres, Tate Gallery, 1995.
  • MacDonald, Margaret, James McNeill Whistler. Drawings, Pastels & Watercolour, New Haven, Yale University Press, 1995.
  • Menpes, Mortimer, Whistler as I Knew Him, Londres, Adam & Charles Black, 1904.
  • Montfort, Patricia de, «El maestro de Madrid. Whistler, Velázquez y el arte español», James McNeill Whistler / Walter Richard Sickert, cat. exp., Madrid, Fundación la Caixa, 1998, pp. 33-42.
  • Morales, Juan Antonio, Whistler a la sombra de Velázquez, Madrid, discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1966.
  • Pennell, Elizabeth Robins, y Pennell, Joseph, The Life of James McNeill Whistler, 2 vols., Londres, William Heinemann, 1908.
 
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