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Zurbarán [exposición 1988]
3 de mayo-31 de julio.
Comisarios: Juan Miguel Serrera y Jeannine ­Baticle.
Obras: 118.
Catálogo: Jonathan Brown, «Mecenazgo y piedad: el arte religioso de Zurbarán», pp. 13-33; Yves Bottineau, «Avatares críticos de Francisco de Zurbarán: reflexiones e interrogaciones», pp. 35-47; Alfonso E. Pérez Sánchez, «El medio artístico en Sevilla durante el primer tercio del siglo XVII», pp. 49-61; Juan Miguel Serrera, «Zurbarán y América», pp. 63-83; ­Jeannine Baticle: «Zurbarán, panorama de su vida y de su obra», pp. 85-111.
La exposición monográfica dedicada a Zurbarán, sin duda la más ambiciosa y rigurosa preparada hasta entonces, se inauguró en 1987 en Nueva York (Metropolitan Museum of Art, septiembre-diciembre). La misma exposición se exhibió en ­París (Galeries Nationales du Grand Palais, enero-abril de 1988) y posteriormente en Madrid (Museo del Prado, mayo-julio de 1988) con algunos cambios y considerable aumento de obras expuestas. Primera muestra que presentaba fuera de España una imagen completa del pintor extremeño, tuvo el valor especial de dar a conocer al gran público extranjero el arte singular del artista que representó mejor que nadie la pintura religiosa de su tiempo. La exposición proporcionaba también la oportunidad única de ver reunidos varios lienzos recobrados desde la conmemoración del tercer centenario en 1964. De cada una de las presentaciones se editaron espléndidos catálogos en los idiomas correspondientes a cada país, precedidos por una serie de estudios a cargo de ­reconocidos expertos. El catálogo madrileño contó, además, con un trabajo de Juan Miguel Serrera. Jeanni­ne Baticle, conservadora jefe honoraria de los Musées Nationaux de France, según ­Pérez Sánchez «la verdadera alma del proyecto», fue comisaria y autora -con sus cola­boradoras Claudie Ressort, Odile Delen­da y Véronique Gerard-Powell- del catálogo americano y francés. Asimismo, los textos de las obras que aparecían en la exposición del Prado, que había redactado ­Baticle para las otras muestras, se recogieron en el catálogo madrileño. La idea principal de esta última fue la reunión del mayor número posible de obras pertenecientes a los conjuntos originales de Zurbarán que decoraron hasta el siglo XIX los conventos e iglesias andaluces. Por ejemplo se reunieron por primera vez todos los lienzos procedentes del espléndido retablo mayor de Jerez de la Frontera (Cádiz), actualmente dispersos entre el Musée de Peinture et de Sculpture de Grenoble, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y el Museo de Cádiz. Se pudo contemplar también la serie completa de «Los trabajos de Hércules» [P1241-P1250], normalmente guardada en los almacenes del Prado, realizada por Zurbarán para el salón grande del palacio del Buen Retiro. Con motivo de esta exposición, la inmensa Apoteosis de santo Tomás de Aquino, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, procedente del retablo del colegio mayor Santo Tomás de Aquino de Sevilla, fue restaurada por Rafael Alonso en los talleres del Museo del Prado. También se presentó al público el conjunto de san Diego de Alcalá, última serie pintada por Zurbarán durante su estancia madrileña (1658-1664) y cuyos lienzos, junto con otras obras firmadas de este periodo, han permitido reconocer las calidades exquisitas de sus obras postreras, poco apreciadas hasta entonces. Las fichas de los cuarenta y cinco cuadros presentados únicamente en Madrid, fueron realizadas por Alfonso E. Pérez Sánchez, entonces director del Museo, y Juan Miguel Serrera, jefe del Departamento de Pintura Española del Prado y comisario de la exposición. Con ocasión de esta memorable muestra se presentaron dos recientes adquisiciones del Museo del Prado, Martirio de Santiago y Agnus Dei, importantes obras del pintor.

Odile Delenda

 
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