La Joven maestra de escuela (1735-1736?). Óleo sobre lienzo, 61,6 x 66,7 cm. Londres, National Gallery.

La cesta de fresas salvajes (h. 1760). Óleo sobre lienzo, 38 x 46 cm. Colección particular.

El recorrido empieza con las naturalezas muertas y bodegones de la segunda mitad de los años 20, entre los que figura la célebre pintura La raya procedente del Louvre. Con esta obra ingresó en la Real Academia de Pintura y Escultura pero fue admitido dentro de una categoría menor, la de “Pintor de animales y frutas”. Es entonces cuando amplia su campo de intereses e introduce animales vivos en sus composiciones como reflejan los dos lienzos del Museo Thyssen que se exponen en esta primera parte de la muestra, Gato con trozo de salmón y Gato con raya.

La siguiente sección comienza con los bodegones de los años 30 entre los que figuran Un pato de cuello verde atado al muro y una naranja amarga o Naturaleza muerta con una jarra de porcelana y dos arenques colgados con hilos de paja a un clavo delante de una hornacina. Seguidamente y de la misma década, se presentan tres versiones de la célebre serie Pompas de jabón. Chardin no abandona jamás un género para dedicarse exclusivamente a otro, sabe renovarse, pero le gusta volver atrás a menudo y trabajar continuamente a varias bandas. Es también a partir de los años 30, cuando influido por la pintura holandesa del siglo anterior, aborda las escenas de género. Chardin capta el recogimiento de sus personajes y demuestra una grandísima habilidad para otorgar una serena dignidad a las simples tareas domésticas. Es evidente su evolución estilística en estas obras. Su pincelada se vuelve más vaporosa y las tonalidades suaves anuncian las de los pasteles del final de su carrera. Asimismo, deja de escoger a sus modelos entre el pueblo para centrarse en el entorno burgués de su segunda esposa. Con obras como La Joven maestra de escuela, de la que se presentan tres versiones que se reúnen por primera vez juntas, El niño de la peonza, o La niña con el volante, Chardin alcanzaría auténtica popularidad en la segunda mitad del siglo XIX.

A continuación, la exposición documenta los años 50 y 60 y su regreso a las naturalezas muertas, un género que había abandonado casi totalmente. Éstas se distinguen claramente de las de los años 20 por la multiplicación de las especies de animales de caza, variedad de frutas y de objetos (porcelanas valiosas o cristalería sofisticada) que utiliza. De esta época, se incluyen en la exposición la deliciosa Cesta de fresas salvajes, Vaso de agua y cafetera y Ramo de claveles, tuberosas y guisantes de olor en un jarrón de porcelana blanca con motivos azules, obra maestra de la Galería Nacional de Escocia. En estas obras la ejecución es más ágil, más lisa, y demuestran el interés de Chardin por los reflejos y las transparencias, la luz y las sombras.

La exposición finaliza con dos retratos en pastel, medio al que se ve obligado a optar por motivos de salud, abandonando la pintura al óleo, y con el que sorprende a todos en el Salón de 1771. Con estos pasteles queda patente su seguridad como artista y ponen punto final a su carrera.

 
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