El Cordero Místico, políptico cerrado, Eduardo Arroyo, Lápiz de grafito sobre papel vegetal, 2008 - 2009, Madrid, colección del artista © Eduardo Arroyo, VEGAP, Madrid, 2012

El Cordero Místico, políptico abierto, Eduardo Arroyo. Lápiz de grafito sobre papel vegetal, 2008 - 2009, Madrid, colección del artista © Eduardo Arroyo, VEGAP, Madrid, 2012

La exposición Eduardo Arroyo. El Cordero Místico plantea la reflexión del artista sobre el sentido contemporáneo de la obra de los hermanos Hubert y Jan van Eyck, conservada en Gante. La muestra la componen 21 dibujos que recrean los paneles del Cordero Místico, 30 materiales preparatorios y 3 piezas del artista que se exhiben en torno a La Fuente de la Gracia (1430), obra también basada en el Políptico de Gante, de la escuela de Jan van Eyck y que ofrece una variación de la época a partir del original.

Los personajes del Cordero Místico de Gante, se convierten en la obra de Arroyo en protagonistas contemporáneos de nuestra sociedad: Adán y Eva se visten como hombres y mujeres actuales; la Virgen y San Juan leen a Joyce y Stendhal; a su alrededor, los coros evangélicos se transforman en golden girls en “homenaje a todos aquellos que les ponen música a nuestros cuadros”; Caín utiliza un revólver para matar a Abel; el escenario flamenco se traslada a la Puerta de Alcalá y a la Plaza de Castilla de Madrid; los donantes se convierten en Ciudadano Kane y su “esposa” Peggy Guggenheim, y detrás de ambos -los más ricos del mundo según Arroyo-, el artista coloca la sigla del dólar como emblema de la riqueza y la mitología protestante del dinero; entre Kane y Peggy, están los santos juanes que el artista transforma en Van Gogh y Oscar Wilde, “dos suicidados de la sociedad”; y los jueces y caballeros que se dirigen a adorar al Cordero en la parte baja del retablo se modernizan transformándose en dictadores (Mobutu, Pinochet, Pol Pot, Franco etc.), mientras los eremitas y peregrinos de Van Eyck se convierten en emigrantes y exiliados a los que Arroyo siempre ha recordado: Sigmund Freud, Albert Einstein o Walter Benjamin.

Pero el más relevante de los cambios que marca el Cordero de Arroyo se produce en la tabla inferior central ya que sustituye el cordero, colocado por Van Eyck como salvación y fuente de vida, por un tejido poblado de moscas, asociado inevitablemente a la muerte, modificando así el mensaje de la obra y aportando a la obra una de sus señas de identidad: la mosca.

 
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