Uno de los conjuntos más importantes de pintura realizado ex profeso para el palacio del Buen Retiro lo constituyó el ciclo de Roma Antigua que estaba integrado por al menos treinta y cuatro pinturas. Las líneas maestras del encargo se definieron en el entorno del conde-duque de Olivares, que eligió como delegados en Italia para coordinarlo al marqués de Castel Rodrigo, embajador en Roma, y al conde de Monterrey, virrey de Nápoles y cuñado de Olivares.

El catálogo de pintores escogidos por las autoridades españolas incluyó una amplia representación de los mejores artistas activos en la década de 1630 en Roma y Nápoles: Ribera, Poussin, Lanfranco, Domenichino, Finoglia, Romanelli o Stanzione.

Se identifica la existencia de al menos tres series distintas. La primera describe las diversiones públicas romanas: atletas, gladiadores, cuadrigas, luchas de animales o naumaquias. Con ella se pretendía establecer una asociación entre los usos lúdicos del palacio del Retiro y las prácticas de la Antigüedad. Un segundo grupo estaba protagonizado por escenas mitológicas y de historia antigua, con asuntos relativos a Baco y a las fiestas lupercales. La tercera serie se ocupaba de los grandes momentos de la vida pública de un emperador: el triunfo militar, máxima expresión de su autoridad, y el funus, las ceremonias asociadas a su muerte.

Algunas de estas obras se exhiben por primera vez y han sido restauradas para esta exposición.

 
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