El principal impulsor del proyecto de construcción y decoración del palacio del Buen Retiro fue el conde-duque de Olivares (1587-1645), valido de Felipe IV hasta 1643. Su cargo de Gobernador del Palacio le permitió intervenir de forma directa en la concepción y realización del conjunto arquitectónico, así como en su ornamentación pictórica. La impresionante imagen ecuestre del primer ministro ejecutada por Velázquez preside este espacio, recordándonos su relevante papel como promotor de esta empresa.

Junto a él se expone una pareja de cuadros -Ticio e Ixión- conocidos como las Furias o los Condenados, realizados por Ribera. De incuestionable significado político, estas pinturas precedían en su ubicación al ciclo de obras de la historia de Roma.

La sección se completa con cuatro de los seis bufones que Velázquez realizó para el Buen Retiro, y que fueron colgados en una de las estancias del aposento de la Reina. Algunos de los retratados se identifican con actores de la corte, como Pablo de Valladolid. Su exhibición en el palacio tenía mucho que ver con la concepción del mismo como lugar de recreo, donde el teatro era entendido como una de las actividades lúdicas más importantes. Los dos lienzos que faltan -el de Francisco de Ochoa y el de Cárdenas el bufón toreador- no han llegado hasta nosotros.

 
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