Margaret, la mujer del pintor. Jan van Eyck . Óleo sobre tabla, 32.6 x 25.8 cm. Brujas, Groeninge Museum

Micer Marsilio y su esposa. Lorenzo Lotto. Óleo sobre lienzo, 71 x 84 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

Retrato de busto de un joven. Círculo de Donatello. Bronce. Florencia, Museo Nazionale del Bargello

Por su amplitud cronológica (1400-1600) y vocación paneuropea, esta exposición es la primera que ofrece una aproximación global al retrato del Renacimiento. Y al retrato como género pictórico autónomo, excluyendo otras formas de representación del individuo como el donante, aunque incluyendo medallas, esculturas, dibujos o grabados que explican su evolución. ¿Cuándo aparece el retrato autónomo? Hacia 1335 Simone Martini retrató a Laura, amada de Petrarca, y el poeta dedicó al retrato este soneto, enunciando en él las características del retrato moderno: una imagen sustitutiva (evoca al ausente), emotiva (suscita emociones) y movible (transportable). Incluye una referencia al mítico artista Pigmalión, que hizo una escultura que cobró vida.

“Cuando a Simon la inspiración le vino
que en mi nombre el pincel le puso en mano,
si a la obra gentil le hubiese dado
con la figura voz e inteligencia

del pecho me quitara los suspiros,
que vil es para mi lo que otros aman,
puesto que humilde al parecer se muestra
prometiéndome paz en el aspecto.

Mas cuando voy a razonar con ella,
Muy benigna parece que me escucha,
si responder supiese a mis palabras

¡Pigmalión, cuánto alabarte debes
de aquella estatua tuya, si mil veces
tuviste, lo que yo una vez querría!”

La exposición revela dos constantes en la evolución del retrato del Renacimiento. La primera es su “democratización”, pues si al principio era privativo de estamentos privilegiados, acabó abarcando todo el espectro social. La segunda es un aumento de tamaño, consecuencia de su incorporación al mobiliario doméstico, pues los primeros ejemplares estaban concebidos para contemplarse y después guardarse en cajas, y no para colgar en paredes.

Demandado por sectores sociales muy heterogéneos, el retrato satisfizo propósitos diversos y asumió una dimensión social, simbólica e incluso documental que se tradujo en una extraordinaria variedad tipológica. La exposición incluye retratos de individuos proclamando sus aficiones intelectuales, aspiraciones sociales o devociones religiosas, retratos realizados para seducir, atacar o convencer, imponentes imágenes de poder y juegos ilusionistas que proyectan al retratado más allá del plano pictórico o distorsionan su imagen.

El objetivo final de la exposición es mostrar que el Renacimiento no fue sólo un período de inicio y maduración para el retrato, sino también de sofisticación, hasta el punto de explorar y agotar muchas de sus posibilidades formales y conceptuales.

 
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