"Hallábamos los clérigos casados y con muchos hijos y en todas sus casas pintado en un papel de marca mayor a Martín Lutero, en las principales pieças de sus casas, muy reberendo con sus hábitos de clérigo".
Libro de la vida y costumbres de don Alonso Enríquez de Guzmán

Así contaba Alonso Enríquez de Guzmán lo que vio en Sajonia tras la batalla de Mülhberg el 24 de abril de 1547, donde las tropas imperiales derrotaron a las de la Liga de Smalkalda, y aunque aluda a “papeles pintados en marca mayor”, se refiere sin duda a las grandes entalladuras que, con el retrato de Lutero, elaboró el taller de Lucas Cranach en 1546, tras el fallecimiento del reformador alemán. La cita de Enríquez de Guzmán ilustra la tremenda difusión del retrato durante el Renacimiento. No sólo se hicieron retratar cada vez más personas de diferentes orígenes, sino que la sociedad se acostumbró al retrato como un elemento indispensable de su cultura visual.

La imprenta desempeñó un papel fundamental en ese proceso. Desde finales del siglo XV contamos con retratos xilografiados independientes de modelos pictóricos y en las décadas siguientes la imprenta difundió entre el gran público imágenes de santos, gobernantes, capitanes y hombres versados en las más variadas disciplinas, al principio en grabados individuales, más tarde recopiladas también en libros siguiendo el ejemplo de las Illustrium Imagenes de Andrea Fulvio (Roma, 1517). El retrato adquirió así una novedosa dimensión documental que explica las reiteradas referencias que incluyen los grabados a la veracidad de las imágenes reproducidas, a menudo explicitando la fuente utilizada. El mejor ejemplo del valor documental del retrato lo proporciona el Elogia virorum litteris illustrium... de Paulo Giovio, cuya edición de 1577 reproducía la que fue la primera y más importante colección de retratos del Renacimiento, la que el citado Giovio reunió en su Museo a orillas del lago Como.

Pero además de satisfacer la curiosidad del público, el retrato grabado no pudo sustraerse a la utilización de la imprenta con fines políticos y religiosos durante el Renacimiento, sobre todo en el mundo germánico de la mano del emperador Maximiliano I y del citado Martín Lutero, probablemente el personaje cuya imagen fue más difundida en los siglos XV y XVI y quien mejor supo utilizarla para la consecución de sus objetivos.

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