“Estimo que el valiente debujador […] después de estar contento y favorecido […] se debe de asentar en una silla de frente del príncipe o persona ilustre que hubiere de retratar; y con su mesa o tabla en medio, y la luz de la ventana templada y música, y la vista en su lugar (con la sala desembarazada de gente) y echar las primeras líneas y trazos de su obra con el grafio o carbón”.
Francisco de Holanda, Do tirar polo natural, 1548.

El retratista fue el primer pintor especializado. No todos los pintores estaban capacitados para practicar el retrato; más aún, fuera de Alemania, Italia y Flandes la carestía de retratistas fue acuciante y en países como Francia, Inglaterra o España hubieron de importarlos de forma recurrente durante los siglos XV y XVI, principalmente de Flandes.



Esta sección ilustra el proceso seguido por el pintor en la realización de un retrato: su relación con el modelo, las condiciones ambientales –principalmente de iluminación- e incluso anímicas aconsejadas para el posado, las técnicas que facilitaban la plasmación de sus rasgos físicos, la realización de bocetos y su traslación final al lienzo o tabla. Pero el retrato no siempre acababa cuando el pintor daba la última pincelada. Fue habitual que los pintores guardaran “recordatorios” de los retratos de ciertos personajes y que, a instancias de éstos o de terceros, realizaran réplicas más o menos fidedignas. Y es que la realización de retratos no siempre fue un proceso creativo, y durante el Renacimiento fue habitual que a los pintores, incluso a los más afamados como Tiziano, se les solicitase copiar retratos ajenos, sobre todo de aristócratas y miembros de la realeza.

Estas prácticas, pero sobre todo el hecho que el retrato necesite de un referente concreto para su realización (el modelo), explica que fuera minusvalorado por críticos como Vasari, que lo tenían por una reproducción mecánica de la realidad (ritrarre), e inferior como tal al imitare (representación de la realidad de acuerdo a una idea o a su esencia). Curiosamente, el mismo Vasari desmiente esta visión peyorativa del retrato en un dibujo incluido en esta sección. Al autorretratarse como San Lucas retratando a la Virgen al dictado de ésta, Vasari convertía el retrato en una actividad inspirada por la divinidad, asimilándola a la escritura del evangelio por el propio San Lucas.

Obras expuestas en esta sección

 
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