Santo atado a un árbol,José de Ribera. Sanguina, 232 x 170 mm, 1626, © The Trustees of the British Museum 1850,0713.4

Durante los siglos XV y XVI Valencia floreció gracias al próspero intercambio comercial del Mediterráneo, y para muchos mercaderes y viajeros la ciudad se convirtió en punto de partida en sus desplazamientos por España. Desde el siglo XV, su riqueza y cosmopolitismo hallaron expresión en un amplio mecenazgo artístico, y no por casualidad fue este uno de los primeros lugares donde arraigó la práctica del dibujo, siempre en relación con la Italia del Renacimiento.

Francisco Ribalta y Pedro de Orrente definieron en líneas generales los parámetros del dibujo valenciano en la primera mitad del siglo XVII. El nivel que alcanzaron en el manejo de la aguada los diferencia de los artistas de cualquier otra parte de España. Desde finales del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII hubo notables dibujantes valencianos formados en academias de dibujo privadas y oficiales, como Vicente Salvador Gómez, Juan Conchillos o José Camarón.

José de Ribera merece aquí una especial atención debido a su excepcional actividad como dibujante. Aunque nacido en Játiva (Valencia), desarrolló la mayor parte de su carrera en Nápoles, donde practicó el dibujo como un ejercicio formal e independiente.

 
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