Santa Cecilia, Rafael. Óleo sobre tabla transferido a lienzo, 236 x 149 cm, h. 1515 - 1516, Bolonia, Pinacoteca Nazionale

Todos los cuadros de altar que Rafael pintó en Roma bajo el pontificado de León X se destinaron a la exportación a Nápoles, Palermo, Bolonia o Francia. Fueron ejecutados para mecenas del más alto nivel (como el rey Francisco I de Francia) o muy bien relacionados, y sirvieron para extender la fama del artista en Europa. Aunque la mayoría ostentan la firma raphael urbinas (Rafael de Urbino), ello no significa que en muchas de estas obras la participación del taller no fuera sustancial, y de hecho, en algún caso la ejecución íntegra corrió a cargo de un ayudante.

Sólo la Virgen del pez es una sacra conversazione tradicional, con la Virgen y el Niño flanqueados por santos. Todos los demás, a excepción de la Santa Cecilia, son composiciones narrativas en las que Rafael quiso reformular el cuadro de altar tradicional en el nuevo lenguaje dramático que simultáneamente estaba implantando en el diseño de frescos y tapices. Un claro ejemplo de cruce con otros medios es la Visión de Ezequiel, cuya versión pintada es muy pequeña, pero que al parecer se hizo mientras se proyectaba un gran tapiz narrativo para León X, recientemente adquirido por el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid que se expone junto a la pequeña tabla por primera vez.

 
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