Bindo Altovitti, Rafael. Óleo sobre tabla, 59,7 x 43,8 cm, h. 1516 - 1518, Washington, National Gallery of Art, Samuel H. Kress Collection 1943.4.33

Rafael renovó el retrato del Renacimiento, expandiendo sus posibilidades en direcciones que ningún otro artista había imaginado. Sus retratos se pueden dividir en dos grupos: retratos oficiales y retratos de amigos. Los retratos oficiales de cardenales, el papa y otros altos personajes son obras de encargo, a veces ejecutadas en plazos muy cortos. Algunos fueron confiados total o parcialmente al taller, y aunque quizá para el pintor no significaron un especial motivo de satisfacción, ejercieron una enorme influencia en la evolución del retrato áulico posterior.

El segundo grupo está constituido por retratos que Rafael pintó de sus amigos, posiblemente como obsequio. En estos retratos, que son de la más alta calidad y en los que no se detecta participación del taller, la inventiva de Rafael reside en la ejecución pictórica más que en la forma. Pintados casi siempre sobre lienzo, se cuentan entre las grandes obras maestras del artista, sobre todo por su explotación de las posibilidades propias del soporte. En su Autorretrato con Giulio Romano, que fue probablemente el último retrato que pintó y se puede considerar un testamento artístico, Rafael combinó la inventiva en la composición con una ejecución innovadora, al tiempo que celebraba su relación casi paternofilial con Giulio Romano.

 
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