Caravaggio, Joven con cesto de frutas. Galleria Borghese, Roma.

Desde septiembre de 1629 hasta finales de 1630 la vida de Velázquez transcurrió en Italia, especialmente en Roma. Fue un viaje de aprendizaje, en el que, entre otras cosas,  estudió la escultura antigua y las obras de Miguel Ángel y Rafael. Entre las pinturas que realizó allí figuran La fragua de Vulcano y La túnica de José, dos grandes cuadros “de historia” donde ha buscado la fórmula para describir de una manera convincente la reacción de un grupo de personas ante una noticia inesperada: en el caso de la escena mitológica, el adulterio de Venus, mujer de Vulcano; y en el episodio sagrado, la supuesta muerte de José, uno de los hijos de Jacob. Ambos temas sirvieron al pintor para demostrar su dominio en la descripción de gestos y emociones.

Desde el punto de vista de su técnica narrativa y su construcción formal, constituyen un paso adelante en su carrera. En ellas, Velázquez superó las limitaciones espaciales que existían en Los borrachos, y consiguió integrar de manera muy natural espacio, acción y personajes. Para ello se sirvió de referencias arquitectónicas y del uso del desnudo, una forma capaz de generar espacio. El interés que muestran por la expresión de las emociones fue común a los principales artistas activos en el país, que estaban buscando fórmulas para renovar la narración clasicista. Esta sala nos muestra algunas de sus obras, fechadas en años cercanos a 1630: desde la claridad narrativa de José y la mujer de Putifar de Guido Reni o la emotividad de Aparición de Cristo resucitado a la Virgen de Guercino, al rigor constructivo de El triunfo de David, de Poussin.

 
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