Diego Velázquez, Los borrachos. Museo del Prado

A partir de su establecimiento en la corte en 1623, Velázquez se dedicó sobre todo al retrato, que alternó con incursiones en otros géneros, como la historia sagrada, la mitología y el paisaje. Su primera escena mitológica fue Los borrachos, que pintó hacia 1629 y que marca una frontera en su carrera. Mientras que por su tema inauguró un género que cultivaría hasta su muerte, gran parte de sus personajes pertenecen al mundo de sus “bodegones” sevillanos. Desde un punto de vista estilístico, también está apegado a sus primeras etapas, pues tanto el carácter fuertemente realista de sus rostros como la gama cromática abundante en ocres o la extraordinaria precisión descriptiva sitúan la obra en la órbita del naturalismo caravaggista, al igual que el modelado corporal de Baco. Fue la primera y última obra de tema mitológico en la que utilizó un lenguaje de ese tipo.Aunque a veces en este cuadro se ha visto una voluntad de “desmitificar” la mitología y tratar en clave burlesca a los dioses antiguos, la utilización de personajes tan fuertemente realistas se justifica por el contenido de la escena, en la que se representa a Baco mezclándose entre los mortales para darles a conocer el vino. En el uso de un lenguaje naturalista para abordar temas relacionados con la mitología o la historia antigua Velázquez se aproximaba a otros artistas, como Caravaggio o su contemporáneo Ribera, que vistió de mendigos a filósofos.

 
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