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Mariano Fortuny, Malvas reales. Óleo sobre tabla. 125X65 cm.

Durante este año se cumple el centenario de la recepción del legado Ramón de Errazu (San Luis Potosí, México 1840 - París, 1904), rico empresario que, establecido en París durante el último tercio del siglo XIX, reunió una colección de pinturas característica del gusto de la gran burguesía de la época. Las 25 obras que componen el legado revelan su acertado criterio como coleccionista al tratarse de un conjunto muy homogéneo, protagonizado por Fortuny, Rico y Madrazo, tres de los mejores artistas de la época a los que además unía una estrecha amistad.

La exposición ha sido organizada para conmemorar la llegada al Museo del Prado de este importante grupo de obras que constituye uno de los conjuntos más representativos de las colecciones modernas del Museo.

El núcleo del legado, y por tanto de la muestra que ahora se presenta, lo componen diez obras de Mariano Fortuny (1838-1874) entre las que destaca el excepcional Desnudo en la playa de Portici, obra maestra en la que el artista mostró la quinta esencia de su arte final realizando un portentoso estudio de la anatomía infantil bajo los brillos y reflejos de la luz del sol y el colorido de las sombras. Otro importante exponente de la indudable calidad del pintor lo constituye Viejo desnudo al sol, torso en el que Fortuny enlaza con la tradición española del siglo XVII.

El carácter innovador de Fortuny en la captación de la luz, sobre todo en sus últimas obras, le convirtieron en el promotor de un estilo que serviría de inspiración a Martín Rico (1833-1908) y a Raimundo de Madrazo (1841-1920), los otros dos pintores más representados en esta exposición, con cuatro obras del primero y nueve del segundo. Entre las de Raimundo de Madrazo, cuñado además de Fortuny, cabe destacar un retrato del propio coleccionista, gran amigo suyo. Este retrato de Ramón de Errazu (1879), en el que el pintor plasmó el porte elegante de Errazu sirviéndose de la tradición velazqueña para llegar a una factura moderna y personal, constituye quizá la obra maestra de Madrazo en el género.

El conjunto se completa con uno de los desnudos más famosos y polémicos pintados en el París de la época, La perla y la ola, de Paul Baudry (1828-1886), obra que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo a la que Errazu había tratado, además de un retrato de la Marquesa de Manzanedo, amiga íntima del coleccionista, realizado por uno de los más prestigiosos pintores de su tiempo, Ernest Meissonier (1815-1891). Ambos pintores franceses eran bien conocidos por Ramón de Errazu y estaban también próximos al círculo de Madrazo y Fortuny.

 
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