Dragones Apocalípticos (Sala 51A), Maestro de Zafra, San Miguel, MNP, Varano acuático y Tagú lagarto overo, MNCN - CSIC, Foto: Pedro Albornoz/Museo Nacional del Prado

Sala 51 A

Dragón de Komodo y Lagarto - San Miguel Arcángel del Maestro de Zafra (sala 51 A)

Mediante la presentación de estos dos ejemplares, el artista reflexiona sobre la dudosa reputación de los reptiles a lo largo de la historia y en la iconografía. Los animales parecen aproximarse a la obra, escoltarla o acudir en apoyo de su semejante, el dragón contra el que lucha San Miguel Arcángel. Sus dos figuras reptantes vienen a unirse a esta batalla entre lo demoníaco y lo angélico.

En el universo simbólico del cristianismo el dragón está asociado al pecado. Se trata de una figura creada por la imaginación a partir de un ave, un reptil y un león. Como la del dragón, la morfología de algunos reptiles procedentes de lugares lejanos resulta sorprendente. Así ocurre con el varano acuático jaspeado y el tegu. El primero vive en la India y zonas del sureste asiático y está emparentado con el dragón de Komodo; el tegu, por su parte, habita diversas áreas de América Latina. Ambos ejemplares fueron naturalizados a mediados del siglo XIX, cuando en los gabinetes de las maravillas se preciaban los ejemplares exóticos; el proceso de naturalización de un animal concedía una vitalidad teatral a especies ajenas a estas latitudes, al tiempo que confirmaba el control definitivo sobre su agresividad.

De modo similar, el Maestro de Zafra, responsable de la obra pictórica, otorga vida mediante la pintura a una criatura proveniente de otros mundos: los del mal, lo demoníaco y lo amenazante; y, de ese modo los convocaba y controlaba a través del gesto victorioso del arcángel.

 
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