Hechizos especulares (Sala 16 A), Carreño de Miranda, Carlos II, MNP, Espejo azteca de obsidiana pulida, MNCN

Sala 16 A

Espejo azteca de obsidiana - Carlos II de Carreño de Miranda (sala 16 A)

Este espejo, procedente de las tierras de los aztecas, está hecho de obsidiana pulida, el material con que fueron fabricados por primera vez, hace 6000 años, estos misteriosos objetos que nos devuelven la mirada. Situado junto al retrato de Carlos II, dialoga con el espacio en el que posa el monarca: el salón de los espejos del antiguo alcázar de los Austrias. Esos nebulosos y ennegrecidos espejos que aparecen en los retratos de corte de Carreño de Miranda parecen remitir a un período sombrío como el de la decadencia del linaje Austria, y se encuentran así con la telúrica oscuridad de la obsidiana americana.

Estos espejos aztecas contaban con un orificio para colgarlos del techo de modo tal que los espíritus pudieran atravesarlos y no permanecer en ellos. Esta relación enigmática entre lo visible y lo invisible que sugieren los espejos en el inconsciente colectivo está presente en relatos de diversas culturas. Su relación con el hechizo, con lo mágico parece remitir a un rey frágil, enfermizo y estéril que recibió el sobrenombre de “el hechizado”. El monarca creyó ser víctima de fuerzas maléficas y fue sometido a diversos exorcismos. Ya su padre, Felipe IV, según las crónicas, sufrió un maleficio anónimo que alguien había ejercido sobre el espejo donde se miraba a diario.

 
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