La calle, Francisco de Goya, Sanguina, debajo de lápiz negro, aguada de lápiz y tinta de bugalla a pluma, 116 x 194 mm. h. 1800 - 1808 (antes y después de la restauración)

La calle, h. 1800-1808 boceto del Real Observatorio Astronómico

Uno de los problemas de conservación más frecuentes en la colección de dibujos de Goya del Museo es la presencia de antiguos montajes que dañan la estabilidad del papel, provocando ondulaciones y amarilleos, o que impiden ver la hoja completa.

En este caso, un segundo soporte adherido al dorso de La calle, h. 1800-1808 había ocultado la existencia de otro dibujo, que solo ha sido identificado con motivo de la revisión de la obra para la elaboración del nuevo sitio web alojado dentro de la página institucional del Museo dedicado exclusivamente a Goya.

Tras separar el dibujo de su antiguo soporte se ha podido apreciar, entre un sello a tinta, dobleces del papel y restos de adhesivos, un boceto a sanguina con los volúmenes del recién construido Real Observatorio Astronómico de Juan de Villanueva en el parque del Retiro. Con su restauración, el Museo del Prado ha ganado un nuevo dibujo de Goya.

Aun aprendo

Debido a un problema de conservación acaecido en una fecha indeterminada en la década de 1960, quizá un ataque biológico, dos zonas con trazos de lápiz quedaron dañadas, lo que generó unos extraños efectos lumínicos que impedían la correcta lectura del dibujo. Además, antiguos montajes, con un empleo de adhesivos inadecuados, habían provocado tensiones en el papel que generaban ondulaciones excesivas.

Por todo ello, y para poder apreciar el verdadero sentido del dibujo, se ha procedido a reintegrar los trazos perdidos de forma reversible, con acuarela aplicada con un pincel muy fino y la ayuda de un microscopio, basándose en la documentación fotográfica anterior a los daños. Al mismo tiempo se han eliminado los segundos soportes y los adhesivos del dorso.

Los Caprichos

Del medio centenar de dibujos preparatorios que el artista realizó a sanguina para la serie de estampas de los Caprichos y que conserva el Prado, catorce fueron cubiertos, seguramente a finales del siglo XIX y con intención de protegerlos, con una capa de almidón. Con el paso del tiempo, y debido sobre todo a una exposición prolongada a la luz, esta capa amarilleó de forma que en algunos casos resultaba difícil distinguir los trazos rojos del lápiz en algunos dibujos, y por tanto su adecuada contemplación.

El papel además sufría una sequedad excesiva, y en los dorsos, producto de sucesivos cambios de montaje, numerosos restos de adhesivos habían producido notables ondulaciones. Este deficiente estado de conservación motivó la decisión de restaurar los dibujos. Para ello se ha utilizado un método que, mediante humedad y por capilaridad, evitando en todo momento la inmersión del papel en agua, ha permitido retirar la capa de almidón. Asimismo se han eliminado los restos de adhesivos de los dorsos y se ha hidratado el papel para recuperar la flexibilidad perdida.

 
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