Atenea Partenos
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«Mira dos veces para ver lo exacto. No mires más que una vez para ver lo bello.»
Henry F. Amiel, Diario íntimo (1821-81)

Palas Atenea recibe al visitante en una reducción de mármol blanco del siglo II d. C. de la famosa estatua de Fidias, de 12 metros de altura, que presidía Atenas desde el interior del Partenón, como diosa guerrera y patrona de la ciudad. Pausanias (siglo II. d. C.) describía así su efecto: «Está hecha de marfil y oro. En medio del casco hay una fi gura de la Esfinge [...] y a uno y otro lado del yelmo hay grifos esculpidos [...] La estatua de Atenea está de pie con manto hasta los pies y en su pecho lleva insertada la cabeza de Medusa en marfil. Tiene una victoria de aproximadamente 4 codos y en la mano una lanza; hay un escudo junto a sus pies y cerca de la lanza una serpiente». La bella y severa copia de época romana del Prado fue creada sin atributos guerreros, lo que hizo que fuera vista como diosa de la Sabiduría y de las Artes, y es bajo esa advocación como preside el resto de las salas y la variedad de las obras en ellas contenidas. A través de ventanas de varias dimensiones, el visitante puede vislumbrar otros ámbitos en los que esculturas y pinturas del Renacimiento y bodegones del siglo XVII anuncian el esquema expositivo de otros siglos. Una de las caras de un pequeño cuadro flamenco del siglo XV, con la imagen de Cristo saliendo del sepulcro junto al velo de la Verónica, su «verdadera imagen», reverenciada como verdad absoluta en la Edad Media, nos invita a entrar en la sala contigua y a descubrir su reverso en uno de los juegos de miradas y encuentros que ofrece esta exposición.

 
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