La Última Cena
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El Alcázar de los Austria ardió en la noche del 24 de diciembre de 1734. Con él desaparecieron pinturas excepcionales de la Colección Real, pero se abrió el camino a la construcción de un nuevo edificio de estética moderna, según el clasicismo a la italiana. La decoración planteada para el centro administrativo del poder de España y para las salas destinadas al rey y a su familia tuvo en cuenta las numerosas pinturas que se salvaron del incendio, que volverían a ocupar los muros de las salas nobles. Lo que seguramente revistió mayor atractivo para los artistas vinculados a la recién fundada Academia de Bellas Artes de San Fernando fue el conjunto de frescos que decorarían esas estancias según la moderna estética neoclásica, basados en complicadas alegorías sobre la historia y los objetivos de la monarquía española. El Prado cuenta con muchos de los bocetos realizados como preparación o presentados al rey para su aceptación, obras que evidencian el estilo personal de sus creadores, y que van desde el carácter rococó, etéreo, ilusorio y colorista de Giaquinto y Tiepolo, hasta un neoclasicismo más puro, inspirado por Mengs, como los perfectos ejemplos de Bayeu. Este conjunto de bocetos representa, además, un género nuevo, ya que su terminación elaborada hizo que se valorasen como pinturas independientes por los conocedores de la época, que los buscaron para decorar los nuevos espacios pequeños y sofisticados de los palacios y palacetes de la época. Junto a estos bocetos se exhiben otros de asunto religioso para frescos de iglesias, claustros y cuadros de altar, como la bella composición de Maella para la catedral de Toledo o los de Bayeu para la colegiata de La Granja.

 
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