El Descendimiento, Michelangelo Merisi da Caravaggio. 1602-1604. Óleo sobre lienzo, 306 x 214 cm. Ciudad del Vaticano, Museos Vaticanos

El Museo presenta en sus salas El Descendimiento (Deposizione) de Caravaggio, excepcional obra maestra del artista que se conserva en los Museos Vaticanos. Por primera vez en España, este monumental cuadro de altar se puede visitar durante casi dos meses en el Prado, junto a los mejores ejemplos de las colecciones barrocas italianas del Museo, gracias al patrocinio de la Fundación Amigos del Museo (entidad patrocinadora del programa expositivo 'La obra invitada')

La extraordinaria oportunidad de mostrar esta obra en el Museo se ha visto favorecida por la visita del Papa a Madrid con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ 2011), constituyendo su préstamo una especialísima aportación del propio Benedicto XVI a la ciudad que acoge este año la celebración de este encuentro. Con su presentación, el Museo completa el programa consagrado a la Roma barroca que propone para este verano, con las exposiciones El joven Ribera, centrada en la producción temprana del artista correspondiente a su etapa en Roma y primeros años en Nápoles, y Roma. Naturaleza e Ideal, dedicada al Paisaje romano de la primera mitad del siglo XVII.

Al coincidir la exhibición de esta obra en el Museo con la celebración de un programa especial patrocinado por la JMJ 2011, este extraordinario préstamo forma parte del recorrido temático 'La Palabra hecha imagen. Pinturas de Cristo en el Museo del Prado' (versión online) que propone un itinerario por distintas salas de la colección del Museo centrándose en otras trece obras maestras de temática religiosa.

El Descendimiento, 1602-1604

1604 fue un año de especial importancia en la vida de Michelangelo Merisi (Milán, septiembre de 1571 – Porto Ercole, julio de 1610), conocido como Caravaggio. Además de una larga serie de problemas legales como consecuencia de su carácter irascible y pendenciero, su biografía recoge que el 1 de septiembre de aquel año se mostró públicamente El Descendimiento, obra comisionada casi con toda seguridad por Girolamo Vittrice y destinada al altar mayor de la capilla que dicha familia poseía en la romana iglesia de la Vallicella, también conocida como Chiesa Nuova, perteneciente a la Congregación de los Oratorianos de san Felipe Neri. La presentación pública de la obra fue saludada con rendida admiración por parte de los biógrafos contemporáneos, no dándose las opiniones críticas negativas con las que se acogían tan a menudo las creaciones del artista.

En El Descendimiento, Caravaggio dispuso las figuras conforme a un esquema compositivo compacto, integrado por un grupo recortado sobre un fondo oscuro y construido conforme a una línea diagonal que, desde el ángulo inferior izquierdo, alcanza el lado opuesto de la tela. Allí destaca, en el primer plano, Nicodemo, que vuelve su cara al espectador, y san Juan Evangelista, ambos portando el cuerpo de Cristo. Su mano roza apenas la losa donde debía ser lavado, ungido y perfumado, lo cual probablemente constituye una alusión al propio Cristo como piedra angular y fundamento de la Iglesia. Detrás se localiza la Madre de Cristo, con serena actitud; María Magdalena, que seca sus lágrimas con un paño blanco y María de Cleofás, que, desolada, alza sus brazos al cielo. Todas ellas muestran formas diversas y complementarias de manifestar su dolor. Caravaggio crea un cuadro de altar de fuerte impacto monumental y dramático, acentuado por el violento claroscuro en el que el artista envuelve la acción.

Se han señalado diversos modelos iconográficos para esta pintura. Efectivamente, Caravaggio tomó el cuerpo de Cristo de La Piedad de Miguel Ángel, cuyo recuerdo aparece reiteradamente en la obra del lombardo. Por otra parte, se han señalado también en ocasiones diversas vínculos entre la manera en que se dispone el cuerpo sin vida de Cristo, con relieves clásicos. Sin embargo, Caravaggio reelaboró todos los estímulos precedentes, en una obra que tanto desde el punto de vista iconográfico, como religioso, es totalmente nueva.

La pintura fue requisada en 1797 por el ejército napoleónico con la intención de integrarla en el Musée Napoléon de París, siendo restituida a Roma en 1817, momento en que entró en la Pinacoteca Vaticana

 
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