José Ferrer, Bodegón de uvas y granadas 1781. Óleo sobre tabla, 39 x 51 cm

La selección de los cuadros adquiridos se hizo teniendo en cuenta tanto su calidad como su representatividad y su utilidad para llenar las lagunas que existían dentro de la colección de bodegones españoles del Prado. De hecho, diez de los pintores no estaban representados con obras de esta naturaleza en la institución. Son los casos de Pedro de Camprobín, Ignacio Arias, Pedro de Medina, Miguel March, Gabriel Felipe de Ochoa, José Ferrer, Juan Bautista Romero, Santiago Alabert, Miguel Parra y José Romá. Algunos de ellos son nombres muy destacados para la historia del género en España.

Muchas de las pinturas son obras muy significativas dentro de la carrera de sus respectivos autores, y algunas son piezas maestras del bodegón español. Entre ellas destaca sobre todo Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio, realizado por Van der Hamen en 1627, un momento de equilibrio perfecto entre la sobriedad compositiva de sus primeras obras y el abigarramiento posterior. Muy ambicioso también es el Bodegón ochavado con racimos de uvas, de Juan de Espinosa, singular no sólo por su formato octogonal sino también por la manera maestra como se mezcla una extraordinaria habilidad para la descripción precisa y verídica de formas y texturas con un gran talento para la composición, lo que da como resultado una obra monumental y equilibrada. Juan de Arellano, con una de las mejores obras de los últimos años de su carrera, o Luis Meléndez, con su Bodegón con frutos del bosque, son otros de los grandes pintores de naturaleza muerta representados con obras de gran calidad.

También existen conjuntos muy notables de obras del mismo autor. Es el caso de los cuatro cuadros con racimos de uvas de Juan Fernández “El Labrador”, una referencia casi mítica de los inicios de la historia del bodegón en España, y que apenas estaba representado en el Museo. Muy rica y variada es la representación de Tomás Hiepes, el máximo exponente del bodegón levantino, del que se han adquirido siete obras que, sumadas a las que ya existían en el Prado, dan magnífica prueba de la versatilidad temática del pintor. De Pedro de Camprobín, hasta ahora ausente en el Museo, hay cuatro obras, una de las cuales, Cesto con melocotones y ciruelas, se cuenta entre sus pinturas más delicadas y de las que mejor conserva sus valores originales.

Con motivo de esta adquisición se ha organizado la exposición Lo fingido verdadero, que toma su título del de una comedia de Lope de Vega que tiene como protagonista a San Ginés, actor, y en la que se hace una sutil reflexión sobre la realidad y su representación, y sobre cómo ambas interaccionan y ésta se transforma en una segunda realidad. Se trata de problemas muy similares a los que históricamente se ha enfrentado el bodegón, uno de los géneros pictóricos que han propiciado más reflexiones sobre la imitación pictórica.

 
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