El retrato es, en la obra de Manet, el género primordial y el manifiesto de su estética. En este género Manet iba más allá de la semejanza y lo característico del retratado, para evidenciar, como en un diálogo entre el pintor y su modelo, su propia reflexión, imaginación y pensamiento, creando así un mundo representativo de la vanguardia del arte moderno.

Los retratos de Manet, que rompen los moldes convencionales, trasmiten un significado universal y autobiográfico, como en el elocuente Retrato de sus padres (1860)*, en que los colores de los hilos en la cesta de la madre parecen simbolizar el arte de la pintura.

En los elegantes retratos de amigos, literatos y políticos, Manet siempre relacionó al modelo con su pintor, por medio de alusiones visuales o en la actitud de la figura misma, por los fondos o a través de los objetos y flores, y con ello, sutilmente, con el espectador. Tales alusiones son, por ejemplo, la firmeza ideológica expresada en el Retrato de Clemenceau en la Tribuna (1879-80)*, y la afición por el arte y el pensamiento intelectual en los retratos de Zacharie Astruc (1866), de Emile Zola (1868)*, y de Théodore Duret (1868)*, de Stéphane Mallarmé (1876)*, o Eva González ante el caballete (1870).

También en los retratos emblemáticos de actores, como El Actor trágico, (Rouvière, en el papel de Hamlet) (1865-66)*, Retrato de Faure en el papel de Hamlet, en la Ópera (1877)*, o Emilie Ambre, en el papel de Carmen (1880)*, representados siempre en la escena del teatro, Manet expresó el compromiso del artista con su arte, creando así una alegoría personal, profundamente sentida, sobre el valor y la libertad del artista moderno.

Otros modelos, la mayoría de ellos pertenecientes a su círculo de artistas y escritores, reaparecen en varios cuadros y personifican la elegancia de la moda urbana de París, como Berthe Morisot con un ramillete de violetas (1872)*, Mujer con abanicos (Retrato de Nina de Callias) (1873-74)*, y el Retrato de Madame Marlin o "La Dama en rosa" (1879-1881)*. Los retratos no menos refinados de parejas y grupos, como En el invernadero (1879)*, o El balcón (1868-69)*, completan la visión cosmopolita de Manet en el inicio de una nueva época cultural.

* Obra que puede verse en la exposición Manet en el Prado.

 
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