Autorretrato, Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre tela, 122 x 107 cm, h. 1670 - 1673, Londres, The National Gallery. Bought, 1953

Al morir, en 1685, Neve poseía al menos dieciocho cuadros de Murillo, entre los que destaca el retrato que da testimonio de la amistad que unió al pintor y el canónigo en agradecimiento por haberle encargado los grandes lienzos para Santa María la Blanca. Inspirado en retratos similares de artistas italianos y Van Dyck, Murillo retrata a Justino de Neve con una elegancia y grandeza pocas veces revelada en un eclesiástico español.

La especial sensibilidad de Murillo como pintor de niños se muestra en esta exposición en San Juanito con un cordero, un cuadro que representa al joven Bautista en el desierto acompañado de un cordero. Propiedad de Justino de Neve, el mismo clérigo la prestó para el altar efímero erigido al aire libre para celebrar la finalización de la reconstrucción de Santa María la Blanca.

El Autorretrato de Murillo es, junto al de Velázquez en Las Meninas, uno de los más sofisticados e influyentes retratos de artistas de la España del siglo XVII. Planteado como un cuadro dentro del cuadro, incluye elementos que aluden al carácter intelectual de la actividad artística.

 
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