El patricio revelando su sueño al Papa Liberio, Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre tela, 232 x 522 cm, 1662 - 1665. Madrid, Museo Nacional del Prado

La iglesia de Santa María la Blanca, que había sido anteriormente sinagoga y después mezquita, era administrada por el cabildo de la catedral sevillana. En 1662 se inició su reconstrucción, bajo la directa supervisión de Justino de Neve. La advocación de la iglesia era la misma que la de la basílica romana de Santa Maria Maggiore, en latín Sancta Maria ad Nives, es decir, Santa María de las Nieves, por lo que se combinaba en ella la alusión a la pureza inmaculadamente blanca de la Virgen con una fortuita pero feliz referencia al apellido de Justino (Nives-Neve).

A Murillo se le encargó que representara, en dos grandes lunetos situados bajo la cúpula, los orígenes de la basílica romana, y, en otros dos lunetos más pequeños, para las naves laterales, una exaltación de la Inmaculada Concepción y del sacramento de la Eucaristía. La reciente limpieza de los lunetos del Prado y del Triunfo de la Fe de Buscot Park ha revelado la sutileza con que Murillo maneja la luz y la asombrosa fluidez de su pincelada.

La magnificencia con que en 1665 se festejó la reapertura de la iglesia se describe en una publicación de la que fue autor el sacerdote y poeta Fernando de la Torre Farfán (1609-1677), amigo de Neve. En la plaza contigua a la iglesia se erigieron arcos y altares efímeros, decorados con cuadros de Murillo y otros pintores sevillanos, y se celebraron procesiones, actos litúrgicos de gran esplendor, justas poéticas y una exposición de arte al aire libre.

 
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