Retrato de Don Justino de Neve, Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre tela, 206 x 129,5 cm. 1665, Londres, The National Gallery, London. Bought, 1979

Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) era a mediados del siglo XVII el pintor más famoso de Sevilla; Justino de Neve (1625-1685), un culto y dinámico canónigo de la catedral sevillana. Entre ambos se estableció una relación profesional que pronto se transformó en auténtica amistad. Y de esa amistad nacieron algunas de las obras más bellas y ambiciosas pintadas por Murillo en las décadas de 1660 y 1670, cuando había alcanzado su plenitud como artista.

La amistad de Justino de Neve, nacido en Sevilla de familia flamenca, desde por lo menos la década de los sesenta hasta la muerte de Murillo en 1682, fue clave para que el artista obtuviese una de sus comisiones más importantes: la decoración de la iglesia de Santa María la Blanca (1662-1665). Además, encargó al pintor sevillano varias obras para el Hospital de los Venerables Sacerdotes, y tuvo en su propia colección algunas de las obras más excepcionales del artista. Como canónigo, Justino de Neve obtuvo para Murillo el encargo de una serie de ocho tondos de santos sevillanos, una Inmaculada Concepción que todavía hoy en día decoran el techo de la Sala Capitular de la catedral y el Bautismo de Cristo que corona el retablo de San Antonio en la capilla del santo.

Murillo le nombró ejecutor de su testamento y pintó su retrato en 1665 (National Gallery, Londres) –presente en la exposición- como prueba de su amistad, añadiendo la inscripción obsequium desiderio pingebat (pintado con el deseo de regalarlo).

 
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