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Detalle de Cristo arrodillado y Dios Padre

La tabla se depositó en el Museo en febrero de 2011 para su estudio y posible compra. Tras su ingreso, se procedió a hacer la documentación técnica: fotografía ultravioleta en el Laboratorio Fotográfico, radiografía y reflectografía infrarrojas en el Gabinete de Documentación Técnica y análisis de pigmentos y del soporte en el Laboratorio de Análisis. Contando con la colaboración de su personal técnico, Pilar Silva Maroto, Jefe de Departamento de Pintura Española (1100-1500) y de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (1400-1600) fue la responsable de realizar el estudio historiográfico y documental.

Concluida la documentación, los resultados fueron sorprendentes. Aunque era evidente al contemplar la superficie del cuadro que tenía un grueso repinte que afectaba a la parte inferior izquierda de la tabla, nada hacía sospechar lo que había debajo. La radiografía y la reflectografía infrarroja desvelaron que el pintor que llevó a cabo la obra había representado allí un donante masculino arrodillado, ricamente vestido, con un traje a la moda 1400, con la cabeza descubierta y una filacteria en la mano con la inscripción del salmo miserere mei deus…, protegido por santa Inés, identificada por el cordero que tiene a sus pies.

La dendrocronología confirmó que el soporte de roble del Báltico era de época y podía haberse pintado ya a partir de 1382, aunque sin duda se hizo más tarde, a partir de 1400, como atestiguaba el traje del donante. La radiografía permitió ver la estructura del soporte, así como que el marco –que era original- formaba parte de él en los extremos verticales, mientras que los horizontales estaban ensamblados con espigas redondas.

El análisis de los pigmentos reveló que la pintura original y el repinte estaban separados por una capa pictórica aislante que hacía posible el levantamiento del repinte. Sabiendo esto y conscientes de que el único modo de llegar a conocer el estado real de conservación de esta obra y valorarla convenientemente era eliminarlo. María Antonia López de Asiaín se hizo cargo de su restauración en el Taller del Prado desde enero de 2012.

 
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