Horquilla grande con paisaje China, dinastía Ming (1368-1644) Oro, filigrana, plata, rubíes, zafiros y pintura, 22 x 27 cm Siglos XVI-XVII. San Petersburgo, State Hermitage Museum

Los tesoros orientales del Hermitage tienen su origen en las colecciones de joyas y objetos preciosos de los zares. Sus palacios y colecciones se enriquecieron con regalos diplomáticos y curiosidades procedentes del comercio suntuario. Pedro I orientó su corte hacia el gusto europeo y atrajo hacia ella a maestros de Rusia y de Europa Occidental para responder a la elevada demanda de lujo asociada a la nueva etiqueta cortesana. El zar reunió en un gabinete de maravillas extraños objetos de la naturaleza junto con joyas y obras de arte, siguiendo el ejemplo de otros monarcas europeos. Su hija Isabel Petrovna adquirió piezas de orfebrería en los principales mercados de Europa y San Petersburgo.

De este periodo destacan las piezas que el artista de origen suizo Jérémie Pauzié realizó para la corte y la nobleza de la capital. En el Palacio de Invierno, bajo sus propios aposentos, Catalina II atesoró una colección de piezas orientales de filigrana de oro y plata, insólita por su variedad y contenido, a la que llamaba su 'Museum'. Instaló también una 'Sala de los Diamantes' con multitud de adornos y objetos preciosos realizados por artífices europeos establecidos en la capital rusa, como Jean-Pierre Ador o Jean-Louis-David Duval. Los objetos más valiosos de estos fondos se exhibieron al público en la llamada 'Galería del Tesoro', que constituía un museo de orfebrería independiente dentro del Hermitage Imperial creado por Nicolás I.

La colección de joyas continuó incrementándose a lo largo del siglo XIX a través de adquisiciones y regalos que incluían obras contemporáneas de René Lalique o de la casa Fabergé.

 
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