Nicolaes Maes (1634-1693), Figuras en un interior, "El tamborilero desobediente", Oleo sobre lienzo, 62 x 66,4 cm - h. 1656-1657. Madrid, Museo Thyssen- Bornemisza

La mayor parte de los cuadros de Johannes Vermeer (1632-1675) muestran interiores domésticos, un tipo de pintura que alcanzó su madurez en los Países Bajos en los años 1650-1675. Junto al propio Vermeer, los pintores que más contribuyeron al desarrollo de este género pictórico fueron Gerard ter Borch, Gerard Dou, Pieter de Hooch, Nicolaes Maes, Gabriël Metsu y Jan Steen, todos ellos representados en esta exposición.

Estos artistas, dotados de extraordinario talento y residentes en un pequeño territorio que facilitaba el intercambio de ideas, realizaron un tipo de pintura muy homogénea: se trata de cuadros de pequeño tamaño y formato generalmente vertical, que suelen mostrar un reducido grupo de figuras. Esta fórmula permite a los artistas interesarse por la representación del espacio interior, por la geometría de la composición y por la representación de la luz y las texturas de los materiales.

El realismo de estos cuadros es una de sus características más aparentes, y esconde el meticuloso cuidado con que están construidos.

Más que un espejo de la naturaleza, estamos ante cuidadosas composiciones que atienden a las relaciones formales entre las distintas partes de la escena. El contenido de los cuadros, a menudo simbólico, refleja los ideales y las aspiraciones de los artistas y de la sociedad que los crearon.

Los principales temas que trató la pintura de interiores son el amor y la vida doméstica, que se representan de forma muy variada. Las protagonistas indiscutibles de estos cuadros son las mujeres, que cobran una importancia que hasta ahora no habían tenido en la historia del arte más que como vehículo de conceptos alegóricos o como figuras religiosas o mitológicas.

A pesar de la homogeneidad del género de la pintura de interiores, la forma de representar las escenas varía según las personalidades de los artistas, desde el humor jocoso de Jan Steen y el preciosismo de Gerard Dou, hasta el interés por la profundidad espacial de De Hooch o la transformación del espacio pictórico en un espacio de intimidad y armonía que es característica de Vermeer.

Las variaciones que se dan entre los pintores al tratar temas y problemas formales similares son reveladoras tanto de sus diferentes personalidades como de las intensas y fructíferas relaciones que existieron entre ellos. En el caso de Vermeer, las obras seleccionadas para esta exposición demuestran que su pintura no podía haber existido tal y como la conocemos sin el ejemplo de sus contemporáneos.

Y sin embargo estamos ante un pintor dotado de un virtuosismo y una inteligencia pictórica excepcionales. La atmósfera de introspección y quietud que emana de su pintura, su paradójica combinación de claridad compositiva y contenido enigmático y su capacidad para trascender lo cotidiano, son creaciones originales de este extraordinario artista.

 
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