Retrato de un caballero, El Greco, 1603-1607. Óleo sobre lienzo, 64 x 51 cm

El devenir del retrato se vinculó en toda Europa con la expansión de las ciudades. El desarrollo urbano y social convirtió a Toledo en una de las urbes más notables de la península. De Juan Sánchez Cotán, uno de los mejores bodegonistas españoles, no nos ha llegado más retrato que la Barbuda de Peñaranda, un buen ejemplo de un tipo de imágenes que testimoniaba las “rarezas” de la naturaleza.

La figura fundamental del retrato en Toledo fue El Greco, el pintor que nos ha dejado una galería de caballeros castellanos repletos de veracidad expresiva y fuerza interior, una producción que enlaza con la escuela veneciana y que, durante muchos años, se ha visto como la mejor representación de la sociedad toledana. Dos retratos que enlazan con esa intensa visión del cretense puede seguirse en los ejemplos de Luis Tristán y Juan Bautista Maíno, aunque ambos decantándose por las novedades naturalistas del primer cuarto del siglo XVII.

 
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