Jaime Girona, Federico de Madrazo, Óleo sobre lienzo, 123 x 90 cm

El Romanticismo tuvo especial importancia en Sevilla, donde la influencia de Murillo fue determinante en José Gutiérrez de la Vega, José María Romero y Antonio María Esquivel, que logró un lugar relevante en la Corte. En estos artistas aparecen iconografías muy significativas, como el retrato de grupo, familiar e infantil, también cultivado por Valeriano Domínguez Bécquer.

En Madrid, la herencia de Goya y la del Siglo de Oro se percibe en los retratos de Leonardo Alenza. En seguida destacó la actividad retratística de Federico de Madrazo y Carlos Luis de Ribera. Formados en el purismo de influencia nazarena y en la pintura francesa de los años treinta, cuya influencia se ve aún en los equilibrados retratos en óvalo del segundo, supieron evolucionar en su larga carrera. Madrazo, muy atento al retrato francés y también al estudio de Velázquez, proyectó su influencia, como había hecho su padre, merced a su posición preeminente en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado. Autor de numerosas obras, sus dotes le convirtieron en el artista más reputado de la Corte y en el gran retratista de la aristocracia y la alta burguesía.

 
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