El infante Gabriel de Borbón, Antón Rafael Mengs, Óleo sobre lienzo, 82 x 69 cm

Al iniciarse el siglo XVIII, los Borbones contaron con sus propias formas de representación. Las tradiciones francesas pueden seguirse tanto por la presencia de un retrato de Louis-Michel van Loo como en la pareja de efigies reales del español Miguel Jacinto Meléndez. En ellos prima un sentido de la elegancia y la vivacidad cortesanas que rompen con la contención expresiva de la tradición peninsular.

Un paso más en esta incorporación al panorama europeo que vivió la corona española, fue la presencia en Madrid del más refinado retratista europeo de mediados del siglo, el alemán Antón Rafael Mengs. Este pintor supo atenuar los efectos grandilocuentes de los retratistas franceses, sin perder por ello vivacidad y refinamiento. Su influencia fue notable en muchos de los artistas españoles, incluido Francisco de Goya, quien supo recuperar los componentes esenciales del retrato de corte español. En una gran parte de los retratos de carácter oficial está latente ese espíritu de reivindicación de Velázquez y de la tradición de la “pintura nacional”.

A lo largo del XVIII el retrato se hizo extensivo a mayores capas de la sociedad, y una de las innovaciones más notables del género fue el interés por representar no sólo los rasgos físicos o el estatus social, sino también el carácter y la personalidad del retratado.

 
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