La Abundancia y los Cuatro Elementos, Hendrik van Balen y Jan Brueghel, el Viejo. Óleo sobre tabla, 62 x 105 cm, h. 1615, Madrid, Museo Nacional del Prado

Desde la última década del siglo XVI, Paul Bril (1553/54-1626), Gillis van Coninxloo (1544-1606/1607) y Jan Brueghel el Viejo enfrentan al espectador con el bosque, invitándole a explorarlo.

El bosque de los pintores nórdicos es un lugar real, aunque idealizado, pintado para emocionarlo. Es el bosque que el pintor conoce, que vive y que desea que el espectador también conozca y viva. Por ello le obliga a adentrarse en su espesura para descubrir la vida que acontece en él.

Además, este bosque naturalista es también el escenario de dos narraciones bíblicas concretas, Adán y Eva en el Jardín del Edén (Génesis 2) y la entrada de los animales en el Arca de Noé (Génesis 7), o el escenario de asuntos mitológicos, un bosque encantado.

El bosque bíblico es un canto a la Creación y una invitación al goce estético de la belleza sensual del hombre, del mundo animal y vegetal. El bosque encantado es, por el contrario, una celebración del goce estético que produce la belleza sensual del desnudo. Como era práctica habitual en los Países Bajos, muchos de estos bosques son obra de colaboración entre dos pintores, uno especializado en paisaje y otro en figuras.

 
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