Los archiduques Isabel Clara Eugenia y Alberto en el Palacio de Tervuren, en Bruselas, Atribuido a Jan Brueghel el Viejo. Óleo sobre lienzo, 126 x 153 cm, ca. 1621

Un aspecto específico de la tradición paisajística nórdica es la representación del jardín cortesano. En esa tradición se inscriben las vistas de los tres palacios reales flamencos –Coudenberg, Tervuren y Mariemont– y sus respectivos parques, encargadas por los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia. Pero estas vistas tenían, además, una finalidad propagandística. Por un lado, al hacerse representar paseando por los jardines de esos palacios construidos y habitados durante un tiempo por el emperador Carlos V y su hermana María de Hungría, los archiduques reafirmaban sus derechos dinásticos como príncipes soberanos y como miembros de la Casa de Austria, vinculando así su propia soberanía a la de sus ilustres antecesores. De ese modo reafirmaban su legitimidad como gobernantes ante unos súbditos que les habían recibido como unos príncipes extranjeros impuestos por el rey Felipe II. Por otra parte, los archiduques encargaron las vistas para enviarlas a distintas cortes europeas a modo de tarjeta de presentación como príncipes soberanos de los Países Bajos.

Hoy tienen un interés añadido, ya que la exacta reproducción de los edificios y de su entorno las convierte en documentos fundamentales para el estudio de la evolución arquitectónica de las construcciones. En el caso de Mariemont y de Tervuren son, además, las únicas imágenes conocidas de esos palacios luego destruidos.

 
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