Paisaje con desembarco de holandeses en tierras de Brasil, Jan Peeters y taller. Óleo sobre lienzo, 85 x 120 cm, ca. 1640

A lo largo del siglo XVII, el interés de los pintores nórdicos por la pintura de paisaje tuvo un ámbito de desarrollo muy peculiar como es la representación de las tierras lejanas, a las que el fabuloso desarrollo comercial impulsado por Holanda llevó a sus comerciantes, algo que no deja por menos de sorprender habida cuenta de que, con la excepción de Frans Post (1612-1680) y Albert Eckhout (1600/20-1663/67), que viajaron por Brasil; o Michiel Sweerts (1624-1664), que se estableció en Goa, esos pintores apenas salieron de los Países Bajos y menos aún se aventuraron hasta aquellos remotos lugares.

Desde muy pronto las narraciones de los marineros despertaron interés por esas tierras y, en consecuencia, los paisajes americanos, africanos y orientales se pusieron de moda en los Países Bajos. Pero como los pintores no contaban con otra fuente que los más o menos fidedignos libros de viajes, representaban paisajes imaginarios que, en el caso de los paisajes americanos y africanos, convertían en exóticos al incluir palmeras, edificaciones primitivas, animales fantásticos y figuras de indígenas semidesnudos y adornados con plumas, todo ello tomado de los grabados que ilustraban esos libros. En el caso de los paisajes orientales, esos elementos eran sustituidos por ruinas clásicas y edificios conocidos a través de grabados y personajes con turbante y ropajes exóticos.

 
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