Carta a Joaquín María Ferrer de 20 de diciembre de 1825

Ficha técnica

Número de catálogo
ODG123
Autor
Francisco de Goya
Título
Carta a Joaquín María Ferrer de 20 de diciembre de 1825
Fecha
20 de diciembre de 1825
Técnica
Pluma, tinta parda
Soporte
Papel avitelado
Medidas
253 x 196 mm [pleg.]
Asunto carta

Agradecimiento por el interés por su salud y circunstancias personales. Referencia a las litografías de Los toros de Burdeos, estampadas por Cyprien Gaulon en edición de cien ejemplares. Mención a la entrega al rey, con destino a la Real Calcografía, de las láminas de los Caprichos y otros cobres grabados por el artista. Alusión a la denuncia ante el tribunal de la Inquisición. Comentario acerca de la realización de cuarenta miniaturas sobre marfil y observación sobre el distanciamiento estilístico respecto a la ortodoxia clasicista de Mengs. Saludos a su amigo Joaquín María Ferrer, exiliado en París, y recuerdos para su mujer, Manuela Álvarez Torres, la hija de ambos, Flora, y otros conocidos comunes

Procedencia
Librería Luis Bardón, Madrid; Colección José María Cervelló; María Jesús Cervelló; Museo del Prado, 2009.
Forma ingreso

Adquisición a María Jesús Cervelló, 2009.

Transcripción

Burdeos 20 de Diciembre 1825

Señor Don Joaquin Ferrer

My estimado amigo. He recivido la apreciable de Usted del 13 con el mayor gusto estimando mucho el cuidado que ha tenido de saber de mi y mi salud en un termino tan largo de tiempo, celebro mucho el que ayan Ustedes pasado el verano con su ermosa Nina en ese pueblo.

Quedo enterado y conbencido de lo que Usted me dice de las estampas de toros, pero como yo pense, mas en que las viesen los conocedores artisticos que en esa gran corte abundan, y tanbien la gran porcion de gente que las abra visto sin contar el numero de españoles crei que era facil dandolas á un estampero sin decir mi nombre, y a poco precio podia aberse hecho. Lo que me dice Usted de los caprichos no pueden ser por que las laminas las cedi al Rey mas ha de 20 años como las demas cosas que he grabado que estan en la calcografia de Su Magestad, y con todo eso me acusaron a la santa ni yo las copiaria por que tengo mejores ocurrencias en el dia para que se bendieran con mas utilidad. Es cierto que el invierno pasado pinté sobre marfil y tengo una coleccion de cerca de 40 ensayos, pero es miniatura original que yo jamas he visto por que no esta hecha á puntos y ay cosas que mas se parecen a los pinceles de Velazquez que a los de Mens.

Agradezcame Usted mucho, estas malas letras porque ni bista, ni pulso, ni pluma ni tintero, todo me falta y solo la bolumtad me sobra, de mes á mes tomo la pluma para Paco, que es solo a quien he escrito a España. A Doña Manuela, no me ocurre expresion que baste como a los Señores de Arano Arnao su Señora hijos Sirena su hermana y al pintor mi amigo y a todos los que me an faborecido, acabo con decir que de mi parte de Usted y Señora.

un beso a la ermosa Niña, y no dice mas Francisco de Goya [rubricado]

[En el verso de la segunda hoja, plegada como un sobre, señas del destinatario:]

a Monsieur

Mr. J. de Ferrer.

Rue Blu, nº 15

Paris

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“Esta carta de Goya remitida a Joaquín María Ferrer el 20 de diciembre de 1825 desde Burdeos es un extraordinario epílogo escrito sobre sí mismo, sobre su estado de ánimo en la vejez, sobre su pasado y sobre sus intenciones artísticas para el futuro.

Una frase como «agradezcame Usted mucho, estas malas letras porque ni bista, ni pulso, ni pluma ni tintero, todo me falta y solo la bolumtad me sobra» es de una sobrecogedora belleza y expresividad, más propia de un literato que de un pintor habituado a escribirse con Martín Zapater en un tono coloquial o a redactar solicitudes oficiales. Con toda probabilidad la autoría de esta frase se debe su amigo Leandro Fernández de Moratín que sabemos que estuvo permanentemente al lado de Goya en los años del exilio bordelés. Como afirmó en una carta de 30 de septiembre de 1824 a Juan Antonio Melón «este Goya me trae a mal traer, y no me deja un instante». René Andioc ya apuntó cómo Goya recurrió a Moratín para que escribiese de su puño y letra una carta de innegable carácter formal, bellamente escrita, en la que el pintor pedía disculpas a la duquesa de San Fernando por no haber podido despedirse de ella personalmente (Andioc 1998). Pese a que está firmada por Goya el 30 de noviembre de 1824, solo la firma es suya.

Por tanto no ha de sorprendernos que en el momento en que Goya quiso enviar una carta justificando a Ferrer su interés por editar sus nuevas litografías de toros, que tanto esfuerzo le habían exigido, recurriese a la capacidad expresiva del literato con el fin inequívoco de persuadir al banquero y lograr su intermediación en tan importante asunto. Esta conjetura se basa además en aspectos apreciables en la propia producción epistolar de Moratín, quien reiteradamente utilizó también una frase similar en estos años finales de su vida –recordemos que murió tan solo mes y medio después que Goya–, aunque con una actitud muy contraria a la expresada por Goya, totalmente pesimista debido a su delicado estado de salud. Así por ejemplo, el 7 de mayo de 1826 en carta a Juan Antonio Melón dice Moratín: «La otra novedad es que no hago nada; ni escribo, ni estudio, ni paseo; vegeto y nada más; el mal tiempo me tiene encogido y sin humos para nada». Al año siguiente le dice de nuevo a Melón en una carta sin fechar pero escrita entre mayo y junio de 1827: «y que perdonen las dilaciones que adviertan, a un hombre que ya hace meses no tiene tintero, ni tinta, ni pluma, ni recado de escribir», carta en la que añadía que por el contrario Goya «está bueno; se entretiene con sus borradores, se pasea, come y duerme la siesta: me parece que ahora hay paz en su casa». El empleo reiterado de la conjunción copulativa «ni» y las referencias asociadas al tintero, la pluma y el papel, como ya hizo en carta a Francisca Muñoz fechada en Burdeos el 7 de julio de 1823, en la que en relación con sus propias carencias escribe «espero alguna carta de vm., si quiera para ver si en su casa de vm. hay mejor tintero, mejor pluma y mejor tinta que la que se gasta en mi cuarto», permiten atribuir la citada frase a un Moratín que se convirtió, una vez más, en estrecho colaborador de Goya en las postrimerías de ambos.

El análisis gráfico y estilístico de la carta permite apreciar dos partes; la primera seguramente redactada por el propio Goya en la que expone cuestiones artísticas y una segunda redactada por Moratín. La homogeneidad gráfica de la primera parte contrasta con las rupturas de la segunda, seguramente debidas a que Goya estaba copiando un texto escrito previamente por el literato, ya que debido a su sordera, no nos imaginamos al pintor escribiendo al dictado.

El antecedente inmediato de esta misiva se encuentra en el encuentro con Joaquín María Ferrer y Cafranga (1777- 1861) en el verano de 1824, cuando Goya viajó a París y donde tuvo ocasión de pintar su retrato, el de su mujer Manuela Álvarez (ambos en colección particular), y se atribuye a ese periodo también el cua dro titulado La suerte de varas (Malibú, J. Paul Getty Museum). A su regreso a Burdeos, Goya le escribió el 28 de octubre de 1824 solicitando que acogiese en su casa parisina a Rosarito Weiss «como si fuera hija mia» a fin de desarrollar en la capital francesa sus habilidades artísticas. Ferrer era un hombre de negocios español exiliado en París, muy bien relacionado en el ambiente económico de la capital y aglutinador en gran medida de los liberales españoles allí exiliados (Núñez de Arenas 1950). Además de su actividad económica y política, destacó su vertiente intelectual, especialmente centrada en la edición literaria, siendo digna de ser mencionada la edición por él comentada de la Historia de la Monja Alférez, Doña Catalina Eraso (París, 1829). Tras su regreso definitivo a España –interrumpido su exilio por el paréntesis del Trienio Liberal, en el que fue diputado por Guipúzcoa y presidente de la Cámara–, desempeñó un papel relevante en la vida política española, siendo elegido senador (1837), de nuevo presidente de la cámara de diputados (1837), ministro de Hacienda y de Estado (entre 1836 y 1841), vicepresidente y finalmente presidente del Consejo de Ministros en un efímero mandato de transición (del 10 al 20 de mayo de 1841) tras el general Espartero.

La respuesta a la solicitud de Goya debió de ser negativa, como prueba el hecho de que Rosarito hubo de seguir su formación en Burdeos. El 6 de diciembre de 1825 Goya volvió a pedir a Ferrer la mediación, en esta ocasión para publicar las cuatro litografías de los toros que había realizado en el taller bordelés del impresor Cyprien Gaulón. En la carta le indicaba que «con motivo de ir a Paris el Señor de Baranda, le enviaba a Usted un ensayo litográfico que representa una corrida de novillos a fin de que la viese Usted y el amigo Cardano y si la encontraban digna de despachar algunos enviaré los que Usted quisiere; este escrito lo metí en la estampa y no teniendo noticia, vuelvo a suplicarle a Usted me avise por que tengo echos tres más del mismo tamaño y asunto de toros». Goya, que había pintado para Ferrer el citado cuadro de La suerte de varas, debió presuponer su interés por editar estas estampas taurinas, que sin embargo no se vio satisfecho en la respuesta del banquero del 13 de ese mismo mes que intuimos por la siguiente carta.

Este es precisamente el argumento de la misiva del 20 de diciembre, que a juzgar por los apuntes del sobre, fue recibida por Ferrer cuatro días más tarde y no mereció contestación.

La carta de Goya es una precisa explicación de sus intereses artísticos presentes, aunque comienza educadamente interesándose por el verano pasado en el pueblo de Montmercy, por el banquero y su recién nacida hija Flora (20 de febrero de 1825). Continúa hablando de las razones que le impulsaron a remitirle las litografías, en la confianza de que los gustos de la capital debido al numeroso grupo de exiliados españoles por las estampas de esa temática podía haber constituido un mercado importante. Pero Ferrer no quiso arriesgar en la financiación del proyecto de edición y sugirió a Goya el más seguro negocio de la reedición de los Caprichos, cuya fama en Francia comenzaba a extenderse. Tras aclararle la imposibilidad de dicha publicación, pues los cobres habían sido entregados al rey en 1803 con destino a la Real Calcografía, debido según Goya a una denuncia ante el tribunal de la Inquisición de la que no tenemos constancia documental, reitera su interés por desarrollar nuevos proyectos que no concreta, a excepción de las miniaturas sobre marfil que suponen el distanciamiento estilístico respecto a la ortodoxia clasicista de Mengs y su proximidad a la manera de Velázquez.

En la despedida de la carta, tras citar su estado de ánimo y la frecuencia con la que escribe a su hijo Javier, al que se refiere como Paco (Francisco Javier), da recuerdos a la familia de Ferrer así como a Vicente González Arnao (1776-1845), otro exiliado español asociado a Ferrer, intelectual, jurista y también un personaje clave del exilio español en Francia. Por último, Goya se refiere «al pintor mi amigo», personaje que no ha podido ser identificado hasta la fecha, pero que pudiera ser, como ya apuntó Núñez de Arenas, José María Cardano (1781-1834), grabador y litógrafo con quien Goya tuvo ocasión de realizar sus primeros ejercicios litográficos en Madrid, y que en estas fechas también residía en París.

La carta no tuvo contestación, por lo que Goya, a sus setenta y ocho años, hubo de emprender, sin apoyo financiero conocido, la aventura de editar las litografías de toros, demostrando una vez más la voluntad de la que tan sobrado andaba.”

J.M. Matilla, “Carta a Joaquín María Ferrer de 20 de diciembre de 1825”, en J. M. Matilla, M. B. Mena Marqués (dir.), Goya: Luces y Sombras, Barcelona: Fundación "la Caixa", Barcelona: Obra Social "la Caixa"-Madrid: Museo Nacional del Prado, 2012, p. 318-319, n. 96.

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A. Canellas (ed. lit.), Francisco de Goya. Diplomatario, Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 1981, p. 389-390, n. 273.

J.M. Matilla, “Francisco de Goya. Carta a Joaquín María Ferrer de 20 de diciembre de 1825”, en No solo Goya. Adquisiciones para el Gabinete de Dibujos y Estampas del Museo del Prado 1997-2010, Madrid: Museo del Prado, 2011, p. 141-144, n. 30 [editado exclusivamente en formato digital: www.museodelprado.es].

J.M. Matilla, “Carta a Joaquín María Ferrer de 20 de diciembre de 1825”, en J. M. Matilla, M. B. Mena Marqués (dir.), Goya: Luces y Sombras, Barcelona: Fundación "la Caixa", Barcelona: Obra Social "la Caixa"-Madrid: Museo Nacional del Prado, 2012, p. 318-319, n. 96.

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2011. Madrid. Museo Nacional del Prado. No solo Goya. Adquisiciones para el Gabinete de Dibujos y Estampas del Museo del Prado 1997-2010.

2012. Barcelona, Fundación La Caixa, Goya: Luces y Sombras.

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Letra “J S P” (fragmento), 18 x 63 mm; papel fabricado en Francia.

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En el verso de la segunda hoja, a pluma, tinta parda: “Burdeos 20 de Diciembre 1825 / Don Francisco de Goya / Recivida en 24 dicho / sin respuesta”. Sobrepuesto al destinatario, trazo a tinta parda a pluma en forma de “8”. Sobre las señas del destinatario, impronta de correos: “32 / BORDEAUX”. Sello de correos, a tinta roja: “Décembre / 24 / 1825”. También en el verso de la segunda hoja, cruz a lápiz y punto rojo adherido.

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Última modificación: 10-09-2012 | Registro creado el 02-07-2012

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