Orden:

Pintura alegórica

 

De las pocas alegorías de Goya – género pictórico ya menos frecuente a fines del siglo XVIII y limitado a las decoraciones palaciegas – el Museo del Prado conserva, como depósito del Ministerio de Marina, tres obras de un conjunto de cuatro tondos que fueron encargados a Goya por Manuel Godoy, príncipe de la paz y primer ministro de Carlos IV, en los primeros años del siglo XIX y para su recién renovado palacio situado frente al Palacio Real, hoy el palacio contiguo al Senado.

Los cuatro tondos, de los que uno está perdido, representan el Comercio, la Ciencia (perdida), la Industria y la Agricultura. Estaban colgados en la antecámara situada entre la entrada principal y la escalera monumental, donde estaban los lunetos que se decoraron con esfinges de estilo pompeyano y pintados por otra mano (véase las fotos de Moreno de 1932 en I. Rose-De Viejo, 1984, p. 34-39, figs. 63-66).

Las obras están documentadas por primera vez como “Goya 4 Medaillons” en el inventario de las pinturas de Godoy, redactado el 1 de enero de 1808 por Frédéric Quilliet, en que se mencionan también “4 Grandes Alegorías” de Goya, dos de las cuales se identifican con las alegorías de la Poesía y de la Filosofía (o la Verdad), la Historia y el Tiempo, conservadas en la actualidad en el Nationalmuseum de Estocolmo. Estas dos obras fueron compradas en 1834 por Alexander Gessler, cónsul general de Rusia, para el zar Nicolás I, pero rechazadas por los conservadores del Hermitage, por lo cual llegaron, al haber pasado por distintas colecciones particulares, al mercado internacional. Los tondos, en cambio, quedaron en el antiguo palacio de Godoy, que, después de su caída en 1808, pasó a ser sede de distintas instituciones públicas, hasta que ingresaron en el Museo del Prado en 1932.

Otro documento ilustra la importancia del encargo de Godoy a Goya: El grabador de medallas Pedro González de Sepúlveda, que visitó el palacio de Godoy en 1807, mencionó que “los techos son pintados de Goya y un discípulo suyo”, documento, sin embargo, de difícil interpretación, ya que no se conocen ningunas pinturas murales de Goya de este palacio, que tal vez desaparecieron en el incendio de 1846. También se relacionaron con las “4 Grandes Alegorías” colgadas tal vez en los techos, así como con los frescos de las bóvedas conservados in situ, y con los que se trasladaron al Ministerio de Marina, que se han atribuido a Jacinto Gómez, discípulo de Goya.

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