II. El tema del Vino de la Fiesta de San Martín

 

II. El tema del Vino de la Fiesta de San Martín

En esta sarga se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San Martín –coincidiendo con la matanza de otoño- y se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. Precisamente la coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba con las celebraciones del santo una distribución de vino al pueblo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de san Martín partiendo su capa a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta dedicada al santo tal como tenía lugar en Flandes y en los países germánicos en esa época, casi una bacanal, preludio del carnaval en los meses de invierno, y que tiene como precedente iconográfico una composición del Bosco conocida por un tapiz en las colecciones de Patrimonio Nacional2. Es manifiesta en esta obra la tensión irónica entre la caridad de san Martín –vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta que lleva su nombre.

Avanzado el otoño, con muchos árboles sin hojas, fuera de la puerta de la ciudad –arquitectura que recuerda la Puerta de Hal de Bruselas-  y próximo a las casas de la campiña, se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, que Bruegel pinta de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición: hombres -jóvenes y viejos- y también mujeres -algunas con niños-, campesinos, mendigos, y ladrones, todos tratando de obtener la mayor cantidad posible de vino. Mientras algunos que han conseguido llenar sus recipientes tienen ya sus pies en el suelo, otros, en su intento por lograrlo, se abrazan a las vigas, se tumban sobre el tonel o se inclinan con evidente riesgo de caer para recoger un chorro del vino que sale del tonel en toda clase de recipientes, sin excluir sombreros o zapatos. El efecto que logra Bruegel, que hace gala de su enorme maestría a la hora de componer y lograr encajar a todas las figuras –en torno a cien-, es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, una especie de Torre de Babel compuesta por bebedores. De forma intencionada, Bruegel opone el círculo que conforma el grupo central en torno al tonel de vino con la disposición piramidal, mucho más estable, del grupo en el que se reproduce la caridad de san Martín, a la derecha. La composición se completa en el lado opuesto, a la izquierda de la sarga, con las figuras que se dejan llevar por los efectos del vino. El pintor plasma lo que les sucede a los que, al contrario que el santo, se han visto arrastrados por el pecado de la gula en lugar de por la virtud, como el personaje que está vomitando y el que yace en el suelo sin conocimiento sobre sus vómitos, los dos hombres peleándose o la mujer que ofrece vino a su bebé.

En las composiciones de Pieter Bruegel el Viejo, lo mismo que en El Bosco, hay una censura muy extendida en esta época hacia los campesinos, bebedores y borrachos, y hacia los mendigos, que también se aprecia en esta obra3. En un momento clave en la Reforma, cuyas ideas Bruegel compartía, se refleja aquí en cierto modo el problema que planteaba el culto a los santos y la eficacia de las buenas obras, siendo la caridad de san Martín uno de sus mejores ejemplos. Muy probablemente sea también necesario sumar a estas ideas la sátira que hizo Erasmo de Rotterdam de las fiestas de los santos, en las que la gula se convertía en el primero de los pecados capitales.

En este sentido existe cierto paralelismo iconográfico entre esta composición de Bruegel y la tabla central del Carro de heno de El Bosco del Museo del Prado de hacia 1516, aunque en esta última obra la representación tiene un carácter simbólico y alegórico. La obra de Bruegel se encuentra siempre anclada en la realidad de su tiempo.

2 Ver Martin W. Walsh, "Martín y muchos pobres: Grotesque Versions of the Charity of St Martin in the Bosch and Bruegel Schools", Essays in Medieval Studies (Proceedings of the Illinois Medieval Association), 14. Volver

3 Ver M.A. Sullivan, Bruegel’s Peasants. Art and Audience in the Northern Renaissance, Cambridge, 1994 Volver

 
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